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Cuando se acaba el dinero fácil

Actualizado el 02 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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LONDRES – La salida de Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, ha dado un nuevo impulso a las especulaciones de cuándo y cómo la Fed y otros bancos centrales reducirán sus descomunales niveles de compra de activos de largo plazo, también conocida como “facilitación cuantitativa” (FC). Los observadores están atentos a cualquier noticia económica que sirva para predecir su continuación o la aceleración de su declive, pero es necesario prestar más atención al efecto de cualquiera de los resultados sobre diferentes actores económicos.

No hay duda sobre la gran escala de los programas de FC. Desde que comenzara la crisis financiera, la Fed, el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón han hecho uso de ella para inyectar más de $4 billones de liquidez adicional a sus economías. Cuando estos programas lleguen a su fin, los Gobiernos, algunos mercados emergentes y algunas corporaciones podrían quedar en situación vulnerable y deberán prepararse para ello.

Según estudios realizados por el McKinsey Global Institute, las menores tasas de interés permitieron a los Gobiernos europeos y estadounidense ahorrar cerca de $1,6 billones entre el 2007 y el 2012, lo cual hizo posible un mayor nivel de gasto y menos austeridad. Si las tasas volvieran a los niveles del 2007, los pagos por concepto de intereses sobre la deuda pública se elevarían un 20%, si los demás elementos no cambian.

Los Gobiernos de Estados Unidos y de la eurozona son especialmente vulnerables a corto plazo, ya que el vencimiento promedio de la deuda soberana es solo de 5,4 años y cerca de 6 años, respectivamente. El Reino Unido se encuentra en mejor pie, con 14,6 años. A medida que aumenten las tasas de interés, los Gobiernos deberán decidir si serán necesarios mayores ingresos por impuestos, o medidas de austeridad más estrictas para compensar los costos del servicio de la deuda.

De manera similar, las corporaciones no financieras estadounidenses y europeas ahorraron $710.000 millones gracias a los menores pagos del servicio de la deuda, y las tasas de interés radicalmente bajas impulsaron los beneficios en cerca de un 5% en EE. UU. y el Reino Unido, y en un 3% en la eurozona. Esta fuente de crecimiento de los beneficios desaparecerá cuando suban las tasas de interés, y algunas empresas se verán obligadas a reconsiderar sus modelos de negocio (por ejemplo, las acciones privadas) que dependen de un capital barato.

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Las economías emergentes también se han beneficiado del acceso al capital barato. Las compras por parte de inversionistas extranjeros de bonos corporativos y soberanos de mercados emergentes casi se triplicaron del 2009 al 2012, llegando a los $264.000 millones. Parte de esta inversión se financió al comienzo mediante préstamos en los países en desarrollo. A medida que vayan llegando a su fin los programas de FC, podría producirse una salida de capitales de los países emergentes.

En contraste, los hogares de EE. UU. y de Europa perdieron $630.000 millones en ingresos por intereses netos a consecuencia de la FC, afectando a aquellos más establecidos que poseen importantes activos con intereses, y beneficiando a los más nuevos, que son prestatarios netos.

Si bien los hogares de muchas economías avanzadas han bajado sus niveles de deuda desde que comenzara la crisis financiera, la deuda total de los hogares en EE. UU., el Reino Unido y la mayoría de los países de la eurozona sigue siendo superior como porcentaje del PIB (y en términos absolutos) que en el 2000. Muchos necesitarán seguir reduciendo su deuda y deberán hacer frente a mayores tasas de interés cuando lo intenten.

Algunas compañías también se han visto afectadas por la FC y deberán adoptar las medidas adecuadas, si esas políticas se han de mantener. Muchos bancos y compañías de seguros de vida están sufriendo debido a las bajas tasas de interés: mientras más dure la FC, más vulnerables se volverán. La situación es particularmente complicada en algunos países europeos. Las aseguradoras que ofrecen a sus clientes productos con tasas garantizadas ven que las rentabilidades de los bonos de gobierno están por debajo de las tasas que pagan a los clientes. Si las tasas de interés ultrabajas se mantienen por muchos años más, muchas de estas compañías estarán en una posición vulnerable. De modo similar, los bancos de la eurozona perdieron en total $230.000 millones de ingresos por intereses netos entre el 2007 y el 2012. Si prosigue la FC, muchos se verán obligados a buscar nuevas maneras de generar utilidades o llevar a cabo una importante reestructuración.

Si continúa la FC, también puede que veamos el retorno de las burbujas de precios de los activos en algunos sectores, especialmente el inmobiliario. El Fondo Monetario Internacional hizo notar en el 2013 que ya había “señales de sobrecalentamiento en los mercados inmobiliarios” en Europa, Canadá y algunas economías de mercados emergentes. En el Reino Unido, el Banco de Inglaterra ha anunciado que en febrero pondrá fin al programa de Financiación del Crédito Hipotecario, que permitía a los financistas endeudarse a tasas muy bajas a cambio de ofrecer créditos.

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Por supuesto, la FC y las tasas de intereses ultrabajas sirvieron a un objetivo. Si los bancos centrales no hubieran actuado con decisión para inyectar liquidez a sus economías, el mundo habría tenido que enfrentarse a una crisis mucho peor. La actividad económica y las utilidades de las empresas habrían sido menores, y los déficits de gobierno habrían sido mayores. Cuando finalmente se retire el apoyo financiero, será un indicador de la capacidad de recuperación económica de hacer frente a tasas de intereses más altas.

En todo caso, todos los actores tienen que comprender cómo les afectará la FC. Tras más de cinco años, supuestamente ha dado pie a la expectativa de que las tasas sigan siendo bajas o hasta negativas, funcionando más como analgésicos adictivos que como potentes antibióticos, como lo ha expresado un comentarista. Los Gobiernos, las compañías, los inversionistas y las personas deben abandonar la complacencia y adoptar un enfoque más disciplinado hacia el endeudamiento y el crédito para prepararse para el fin o la continuidad de la facilitación cuantitativa.

Richard Cooper es profesor de Economía Internacional en la Universidad de Harvard.

Richard Dobbs es uno de los directores del McKinsey Global Institute. © Project Syndicate.

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