Opinión

El absurdo de nuestra sociedad

Actualizado el 19 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

Es menester fomentar el sentido humanitario en nuestra sociedad. Falta cortesía, caridad, piedad

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El absurdo de nuestra sociedad

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¿ De cuál sombrío accidente es heredera nuestra sociedad? Debe de existir una explicación de por qué actuamos con tanta aversión al relacionarnos con nuestros semejantes.

Basta con levantar la mirada dondequiera que nos encontremos para ser testigos del desprecio con el que se tratan un gran número de personas, y pienso que esta condición es el germen de un inmenso espectro de problemas que amenazan el bienestar de nuestra sociedad.

Hemos abandonado la buena costumbre de decir “por favor” y “muchas gracias”. No consideramos significativo saludar de manera gentil al conductor del bus, ni al profesor, ni al encargado de limpieza. Personas que al igual que nosotros tienen familia, responsabilidades, preocupaciones y adversidades, pero que, aun así, se han dispuesto a cumplir con su labor de manera juiciosa, ofreciéndonos un beneficio ingente: hace falta gratitud.

Entablar una conversación con otra persona en una estación, en un parque, en un bus o en el pasillo de las universidades se ha vuelto impensable. Parecemos estar ciegos ante el absurdo de coexistir como extraños. Nos hemos convertido en personas con un semblante huraño, esquivo y huidizo: hace falta sociabilidad.

Nos encontramos en la búsqueda incesante de fragmentar la sociedad en diversas categorías, con el fin de ampliar el margen divisorio existente: conflictos entre ideologías políticas, creencias religiosas, preferencias sexuales, nacionalidades, etc.

Esto conlleva la creación de discursos de odio que enfrentan mi realidad con la de los demás, generando de esta manera problemas socioculturales tan destacados como el racismo, la homofobia, o la xenofobia: hace falta tolerancia.

Compasión. Se ha vuelto común desatender asuntos como el del niño que implora por sustento deambulando por la vía pública. Para algunas personas, es habitual ignorar a la anciana que se ve obligada a mendigar porque sus hijos la han abandonado.

Frecuentemente, los transeúntes también observan de lejos a los indigentes y siguen su camino, sin reflexionar acerca de la miseria de aquellos: hace falta compasión.

Un velo de individualismo parece cubrir nuestra visión, impidiéndonos construir una perspectiva global de las peculiares contrariedades que padece nuestra sociedad. Es menester fomentar el sentido humanitario en nuestra sociedad.

Hace falta cortesía, caridad, piedad, fraternidad y amor. Me temo que no venceremos esta fase hasta entender que nosotros somos ellos. Todo es uno.

El autor es estudiante de filosofía.

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