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Xi de Arabia

Actualizado el 04 de febrero de 2016 a las 12:00 am

China busca pasar de una “política entre naciones” a una “política entre redes”

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Pekín – Quienes criticaban la cauta política exterior de China deberían reconsiderar su posición, tras la visita que acaba de completar el presidente Xi Jinping a Arabia Saudita e Irán, dos importantes potencias de Oriente Medio actualmente enfrentadas. Las visitas reflejan la actitud más activa en política exterior iniciada por Xi, particularmente en dicha región.

Esta nueva estrategia plantea una cuestión importante: ¿Puede la influencia de China en la región ser más constructiva que la de Estados Unidos?

Este es sin duda un tiempo difícil para involucrarse en Oriente Medio, una región donde, como sostiene Richard N. Haass, se desarrolla una nueva guerra de los Treinta Años, en la que “resulta imposible distinguir las guerras civiles y las guerras por delegación”.

Un factor clave para que se desatara el caos actual (que representa la convergencia de numerosos desafíos y conflictos profundamente arraigados) fue la invasión estadounidense a Irak en el 2003. Al eliminar el régimen sunita de Sadam Husein, Estados Unidos dejó la puerta abierta para la asunción de un gobierno chiita, un hecho que alteró el equilibrio regional de poder en favor de Irán y llevó a Arabia Saudita, cuyo gobierno es sunita, a sentirse rodeada por una coalición de la facción opuesta.

Por eso Irán y Arabia Saudita están tan involucrados en la guerra civil siria. Saben que la suerte que corra el régimen alahuita del presidente Bashar al-Asad tendrá importantes consecuencias para el orden regional.

Para Arabia Saudita, poner freno a Irán es mucho más importante ahora, tras el reciente acuerdo sobre el programa nuclear iraní, que dio lugar al levantamiento de las sanciones económicas internacionales que por mucho tiempo contuvieron las ambiciones de liderazgo regional de Teherán.

Claro que ni Arabia Saudita ni Irán (o Turquía, que también entró en la carrera por la influencia regional) buscan una confrontación directa. Más bien, estos países tratarán de dar poder a otros actores, incluso si eso supone impulsar una peligrosa radicalización religiosa y la privatización de la violencia. Los movimientos terroristas que han surgido como resultado de esta estrategia (Estado Islámico) no pueden ser vencidos mediante operaciones antiterroristas tradicionales.

Pero estos rivales regionales no son los únicos participantes empantanados hoy en Oriente Medio. Potencias externas como Francia, Rusia y, por supuesto, Estados Unidos también están profundamente implicadas, cada una con sus propios objetivos geopolíticos. Ahora China entra en la lid, pero con una visión constructiva propia.

Los dos caracteres que forman la palabra crisis en chino significan, por separado, peligro y oportunidad. Precisamente lo que China ve en el Medio Oriente actual.

Para la mayoría de los actores importantes, las enormes oportunidades económicas de la región han quedado en segundo plano, detrás de una competencia geopolítica sumamente peligrosa. Pero no para China. Como expresó Xi en su reciente visita a El Cairo: “En vez de buscar un delegado en Oriente Medio, promovemos negociaciones de paz; en vez de buscar una esfera de influencia, convocamos a todas las partes a unirse al círculo de amigos y acompañar la iniciativa Un cinturón, una ruta”.

Esto es reflejo del nuevo balance general de la política exterior china que Xi viene impulsando desde su asunción en el 2013. A diferencia de Estados Unidos, que intenta instrumentar un “giro” estratégico de una región geográfica a otra, China busca pasar de una “política entre naciones” a una “política entre redes”, con énfasis en la “conectividad” en vez del “control”.

Oriente Medio es crucial para esta gran estrategia orientada a la conectividad, sobre todo por el lugar clave que ocupa en el proyecto Un cinturón, una ruta, que Xi promovió en El Cairo.

La decisión de China de restablecer las antiguas Rutas de la Seda (incluida la vía terrestre que pasa por Oriente Medio) la llevó a forjar alianzas estratégicas con ocho naciones árabes en años recientes y a firmar acuerdos con seis países árabes para encarar la iniciativa en forma conjunta.

Irán, Turquía y siete países árabes están entre los miembros fundadores del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, con sede en Pekín, institución clave para la financiación de los proyectos de infraestructura relacionados.

Pero para aumentar el intercambio comercial con los países del Medio Oriente, China no esperará a que la iniciativa Un cinturón, una ruta esté completa. Durante su reciente visita a Arabia Saudita, Xi aseguró que este año deberían concluirse negociaciones de libre comercio entre el Consejo de Cooperación del Golfo y China.

Además, anunció que China otorgará préstamos por $55.000 millones de dólares a Oriente Medio, entre ellos un crédito especial de $15.000 millones para industrialización, $10.000 millones en préstamos comerciales para mejorar la capacidad productiva y $10.000 millones en préstamos blandos. Los otros $20.000 millones de dólares se destinarán a un fondo conjunto con los Emiratos Árabes Unidos y Catar para la inversión en fuentes de energía tradicionales, desarrollo de infraestructuras e industrias de avanzada en la región.

Todo esto se inscribe en el modelo de cooperación “1+2+3” que Xi propuso en la Conferencia Ministerial del Foro de Cooperación China-Estados Árabes celebrada en Pekín en junio del 2014. Este modelo incluye un eje (la cooperación en materia de energía), dos alas (la construcción de infraestructuras, por un lado, y el comercio internacional y las inversiones, por el otro) y tres áreas donde la cooperación puede dar lugar a importantes avances (energía nuclear, satélites y nuevas fuentes de energía). Se trata de aprovechar los recursos energéticos de la región y al mismo tiempo ayudarla a industrializar y a diversificar su economía.

Claro que el éxito de China en Medio Oriente exige progreso en aliviar las tensiones regionales, enfriar sus puntos candentes y estabilizar a los países débiles, lo cual demandará la habilidad diplomática de muchos actores. Pero la paz y el desarrollo están indisolublemente ligados.

Para vencer el extremismo, los países de Oriente Medio necesitan ofrecer oportunidades económicas a su gente, y estas solo serán posibles mediante el comercio internacional, la inversión y el empleo.

En este aspecto fundamental, China tiene mucho para dar a Oriente Medio, y una vez más el presidente Xi mostró su determinación a ofrecerlo.

Minghao Zhao es investigador en el Instituto Charhar de Pekín, adjunto en el Instituto de Estudios Financieros Chongyang de la Universidad Popular de China y miembro del Comité Nacional de China del Consejo de Cooperación para la Seguridad en Asia y el Pacífico (CSCAP). © Project Syndicate 1995–2016

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