Opinión

Vuelva mañana

Actualizado el 06 de enero de 2014 a las 12:00 am

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“Vuelva mañana”, le dice, segundos antes de cerrarle la puerta en la cara. Posiblemente tiene deseos de terminar su trabajo e irse a ver el partido. No tiene por qué saber que esa persona que se quedó sin ser atendida viajó cinco horas para llegar allí; que no ha comido ni ha podido ir al baño y que no tiene cómo pagar el tiquete del bus de regreso a casa.

Puede volver mañana, en efecto, siempre y cuando pase la noche en la calle, deseando poder avisar a su familia la razón por la cual no ha podido regresar. El caso parecerá extremo, pero es más frecuente de lo que piensa.

Podría ser, también, una persona que pidió un permiso excepcional en su trabajo, incluso sin goce de salario. O es una madre que hizo malabares para encontrar quién cuidara de sus hijos para hacer ese trámite. En realidad puede ser cualquier otro ciudadano con el tiempo contado, especialmente para andarlo desperdiciando en trámites absurdos, malos tratos, reproches y congojas.

Volverán mañana, o el día que se pueda, porque no tienen otra opción; porque a alguna persona se le ocurrió definir una forma de hacer determinado proceso, unos horarios, o porque se topó con un empleado, funcionario, servidor, plataformista (o lo que sea) que tuvo un mal día, semana, mes o año.

Voluntad y esfuerzo. Yo he tenido que tomar una ficha y esperar a que aquel que está al otro lado del vidrio termine de limarse las uñas, pelear por teléfono o jugar solitario. También he visto cómo atienden, primero, al familiar, amigo o jefe de alguien, mientras los ciudadanos anónimos esperamos, esperamos, esperamos.

He ido a hacer la misma gestión tres o cuatro veces, porque el encargado se fue temprano, porque el horario para ese trámite en específico y distinto al que señala el letrero, porque se cayó el sistema o porque juega la Sele. O bien, porque se le olvidó decirme, cualquiera de las veces anteriores, que hacía falta un timbre, un formulario adicional o una firma que conseguiré haciendo otra vueltilla en un lugar distinto donde, por cierto, ya cerraron.

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“Vuelva mañana” no es tan solo un balde de agua fría: es una puñalada certera que lleva escrito un “usted no me importa”.

Pero volveré mañana, o el día que pueda, como lo hacemos todos, con una sonrisa amistosa como si no pasara nada, no vaya a ser que tengamos que volver, también, al día siguiente.

No siempre es así; pero sí lo es muchas veces. Cuando realmente nos sorprendemos es ante el trámite rápido, sin contratiempos e indoloro.

Quizá, poco a poco, con algo de voluntad y esfuerzo, se nos borre ese estribillo. Hoy no, estoy seguro; tal vez, mañana.

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