Opinión

Voto en el exterior

Actualizado el 25 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Voto en el exterior

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Meses atrás, leía cómo las nuevas tecnologías permiten a los inmigrantes estar al tanto de lo que acontece en su país de origen. Llega a suceder que muchos están más informados de lo que pasa en su tierra que de lo que sucede en su lugar de residencia. Debo confesar que ese es mi caso. Soy un costarricense que habita desde hace ya varios años en el exterior, pero ni la distancia ni el tiempo hacen que me aleje de mi patria.

Mi contacto con familiares y amigos es a diario. La Internet me permite leer periódicos, escuchar la radio y ver noticieros costarricenses. Las redes sociales, de igual forma, me han ayudado a mantener ese contacto, y a palpar el malestar social por la ineficiencia gubernamental. Al igual que muchos, me encuentro alarmado por la situación que se vive en Costa Rica en materia de seguridad, educación, y calidad de vida.

Para las próximas elecciones, se ha implementado acertadamente el voto en el exterior. La iniciativa va a permitir que gente como yo expresemos democráticamente nuestro deseo por una Costa Rica mejor. Desde ya, el voto en el exterior ilusiona a muchos costarricenses por el mundo, aunque la tarea puede resultar complicada.

Aquí y en muchos otros países, el desplazamiento y alojamiento para llegar al consulado o embajada tica más cercana, implica un esfuerzo significativo a la economía personal o familiar. El factor económico no siempre es la razón por la cual miles de costarricenses habitan fuera de nuestro territorio, ya que muchos asocian el vivir en el extranjero con actividades de altos ingresos; sin embargo, quienes nos registramos para sufragar en el exterior, lo hacemos con la mejor disposición e interés.

Mi mayor deseo quizás, es el de contribuir con la reducción en las altas cifras de abstencionismo que nuestras elecciones han experimentado recientemente. Está claro que los últimos Gobiernos han incumplido con su tarea.

El desencanto ciudadano hacia la clase política tiene sustentos reales y muchos han optado por el abstencionismo como una forma de crítica hacia un sistema que les ha fallado y que no vislumbra cambios en un período razonable. Tristemente, esta actitud favorece a los políticos tradicionales. Los niveles de abstencionismo rondaron el 30%, en los noventas; y en la década pasada, fue aún más alto.

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Más allá del sufragio, y por ese mismo desencanto hacia la política, la participación ciudadana ha decrecido en los últimos años. El desprestigio que ella trae consigo hace que mucha gente valiosa se abstenga de participar en puestos claves para el desarrollo nacional. Junto a cada problema o escándalo, los medios presentan comentarios y entrevistas de personas con propuestas valiosas, para mejorar como nación y enfrentar los retos que se le avecinan a Costa Rica.

Algunos relacionan al abstencionismo con la legitimidad que un candidato electo pueda tener. Si bien lo anterior ni es inconstitucional ni lo cuestiono, me resulta difícil pensar en un cambio de rumbo si los ciudadanos no nos involucramos en algo tan elemental como es el informarnos, ser conscientes, e ir a votar.

En mi caso, debo trasladarme 650 kilómetros para ejercer mi derecho al sufragio. Estoy convencido de la trascendencia de las próximas elecciones, y de la oportunidad que representan para mejorar a Costa Rica. Ojalá que quienes posean la ventaja de tener su centro electoral a tan a unos metros o calles de su casa, y aún no están seguros de votar, mediten acerca del futuro que desean.

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