Opinión

Volver a la familia

Actualizado el 27 de febrero de 2015 a las 12:00 am

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La salud y la estabilidad de la sociedad y el rigor moral de un país pasan por el corazón de la familia.

Lo mejor es darse a ella, servirle, serle leal y no buscarle sustitutos o entidades paralelas. Cuando se trabaja para la satisfacción de sus necesidades y el fortalecimiento de la convivencia pacífica y se tiene presente que el hogar es colaboración, crece la dosis de un optimismo beneficioso para el país. Esta institución es la fuente de donde mana una nueva sensibilidad para consolidar la hermandad y la justicia social. No se crea que el populismo político soluciona el 20% de nuestra pobreza, ni menos sumando una institución pública más a las 328 existentes al 2014. Es más conveniente fusionar dos o tres ya creadas y establecer un solo ministerio: el de la familia.

El profesor Jacques Leclerq, ilustre conocedor del tema, afirma: “La familia nace espontáneamente del mero desarrollo de la vida humana… la moral familiar cristiana –dice– no es más que la moral natural reasumida por la Iglesia de Cristo, llevada a su más alto grado de pureza y colocada bajo la garantía positiva de Dios” ( La Familia , p.13 y 14). Leclerq también menciona el renacimiento familiar, “del cual depende quizá el porvenir del género humano más que cualquier otra forma de evolución”.

Educación armónica. Bajo el principio de que el futuro de la sociedad pasa por el corazón de la familia, un grupo de padres fundamos el Instituto de Colaboración y Educación Familiar (ICEF) e impartimos cursos a 2.500 matrimonios con hijos, conforme el sistema de casos de la Universidad de Harvard. Posteriormente, creamos dos colegios para enseñanzas preescolares. Los establecimos, no como negocio, sino como servicio, a fin de formar personas útiles a la sociedad. Acogimos las orientaciones de la Educación personalizada, obra cumbre del pedagogo Víctor García Hoz. Hoy, habla su colega, Oliveros F. Otero, de una “educación armónica”, susceptible de incorporar a la familia.

“Esta educación -afirma Otero- consiste en descubrir el modo inteligente y cordial de armonizar inteligencia y corazón, voluntad e inteligencia, corazón y voluntad” ( Educar el corazón, p. 46). Habrá muchas historias para escribir sobre la familia (cada una tiene la suya).

Ya para terminar, cuatro sugerencias a los padres: no sobreprotejan a los hijos para que estos no se vuelvan pusilánimes y dependientes; no discutan delante de ellos; esfuércense como pareja para por no separarse; y que en la convivencia primen comprensión, humildad, cariño, alegría y buen humor.

Recordemos que la salud de la sociedad pasa por el corazón de la familia, cuna de la vida.

El autor es abogado.

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