Opinión

Volvamos a nuestras raíces y crezcamos con equidad

Actualizado el 01 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Llegó la horade construir acuerdos y deunificar visiones

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Volvamos a nuestras raíces y crezcamos con equidad

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El retiro de la postulación de don Rodrigo Arias en las primarias liberacionistas sorprendió a nuestro país. A pesar de beneficiar mis posibilidades de ser el candidato del Partido Liberación, no puedo decir que su retiro me haya totalmente satisfecho. El país y el partido esperaban una rica discusión de alternativas, que habrían enriquecido el acervo político de nuestro movimiento, y fortalecido, en la diversidad, el espacio democrático.

La ausencia de una tienda opuesta, en nuestro Partido, no me exime, sin embargo, a hacer explícita mi visión de país. Por eso, me siento en la obligación de exponer la preocupación que me embarga frente al crecimiento de la desigualdad, ante la pertinacia de nuestros insalvables índices de pobreza, el abandono de nuestras regiones de menor desarrollo, las debilidades en las políticas de apoyo efectivo a la empresa nacional, especialmente las pymes y la agudización de las condiciones de vida en el campo.

Existe una historia con la que estamos comprometidos. En los primeros 35 años de vida de nuestro partido, Costa Rica conoció, de su liderazgo, el más formidable crecimiento de productividad de su historia y eso fue de la mano de la mayor movilidad social que nuestra patria haya conocido nunca. En los 80, el viejo modelo mostró sus grietas. Entramos en crisis y tuvimos que reinventarnos. Y lo logramos.

En los siguientes 25 años, Costa Rica enderezó el rumbo. Nuestra inserción en la globalización generó crecimiento y diversificación productiva. Hemos atraído inmensas inversiones que han generado progreso con una oferta exportadora de más de 4.000 productos. Nuestro partido se siente orgulloso de haber liderado ese modelo y defenderemos siempre esas conquistas. Pero hoy tenemos que mejorarlo.

El progreso que llegó no trajo de la mano equidad. Tampoco mejoró automáticamente la productividad de la mayor parte de nuestras empresas nacionales, que quedaron rezagadas. No ha habido los empalmes de redistribución, que reclamara Franklin Chang, y de acoplamiento con la industria nacional, que asegure una eficiente repartición de la riqueza. Se nos fue escapando la esencia de lo que somos: un país cohesionado y solidario, una clase media que crece y avanza, un progreso humano equitativo asegurado para todos y todas.

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Seamos francos, esa ya no es la Costa Rica de ahora y no me tiembla el pulso para decirlo. Esa fragmentación productiva, social y territorial del país no es la Costa Rica de nuestras más honestas aspiraciones. No podemos tolerar una sociedad de dos mundos fragmentados que desmerecen de nuestro imaginario colectivo solidario.

La voz de nuestro partido debe ser la voz del cambio, pero de un cambio que reconoce y defiende nuestras conquistas, mientras regresa a nuestras más íntimas raíces. Si fuimos en aquel tiempo capaces de progreso económico de la mano de la equidad, hoy podemos hacerlo de nuevo: crecimiento con equidad.

Mis retos de gobierno se centrarían en mejorar la gobernabilidad del Estado, auspiciar un crecimiento económico integral y restablecer las bases de la equidad. Tres retos que están íntimamente entrelazados. Ninguno funciona sin el otro. En las diferencias de productividad nace la desigualdad, porque el trabajo origina el 80,7% de los ingresos totales de los hogares. Inútil sería pretender restaurar la equidad solamente con programas y transferencias sociales de nuestras agotadas arcas públicas. Debemos, además, fortalecer la productividad de nuestras empresas nacionales, especialmente las más pequeñas.

Y poco avanzaríamos en productividad y crecimiento económico sin una población más educada, más innovadora, con mejores empleos y mayor capacidad de consumo. Pero, para restablecer el equilibrio social perdido y la productividad nacional venida a menos, debemos recuperar la capacidad de implementar decisiones que ya no tenemos. Todo es atasco, todo es escollo, lo más simple se convierte en desafío y casi nunca se pueden tomar decisiones que resuelvan problemas urgentes.

La ingobernabilidad ha sido un problema agobiante porque ahí se traba todo. De ahí que este tema haya sido el que más ha convocado a la reflexión nacional. En semanas recientes, hemos conocido propuestas producto de legítimas preocupaciones que han trascendido a los partidos políticos. No dejemos que esa agenda quede para después. Por eso, invito a los dirigentes de los partidos políticos que tienen representación parlamentaria y a los aspirantes a la presidencia de la República a que trabajemos juntos, desde ya, en reformas que garanticen mayor eficiencia en la función pública y en la calidad del proceso democrático.

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Este llamado no es un acto de campaña electoral, sino como componente de una conciencia colectiva para paliar un mal que todos reconocemos y padecemos. Cualquiera que sea el resultado de las próximas elecciones, la administración electa y el pueblo que la elige merecen comenzar su periodo de gobierno con nuevas herramientas para decidir y actuar. No dejemos que la campaña electoral sirva como nuevo obstáculo para alcanzar este objetivo nacional.

No somos dueños de la verdad. Ofrecemos encontrarla juntos. Yo ofrezco propuestas, no respuestas absolutas, porque debemos estar dispuestos a escuchar. Jamás he pretendido tener la pomada canaria para todos los problemas. Lo que hago es presentar un eje de propuestas como inicio de un diálogo, que se enriquezca con la mayor participación ciudadana. Llegó la hora de construir acuerdos y de unificar visiones.

Reconozco con gratitud numerosos aportes desde distintas corrientes políticas, que han decidido apoyarme. Eso me alienta porque, en medio de la fragmentación, es más fácil alimentar recelos que tender la mano. Pero yo, solo así me reconozco: como hombre de consensos, de trabajo en equipo, de obras no de palabras.

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