Vocinglería guerrillera
Opinión

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Actualizado el 30 de junio de 2013 a las 12:02 am

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“¡Cállate!” debería decirle Santos a Iván Márquez

Todos recordamos el “¡cállate!” dicho por el rey Juan Carlos al parlanchín Chávez. Lo mismo que debería hacer Santos, como cabeza del gobierno, al vocero de las Farc, que ha montado una agenda paralela a la acordada para los diálogos. El vocero de la Calle protesta tímidamente, y ni Cuba el anfitrión ni los países observadores dicen una palabra, cuando se están violando claramente las reglas del juego acordadas. Todo el mundo tiene que aguantarse la vocinglería guerrillera, como si fuera lo más natural.

¿Qué toca hacer? Si, como dice Santos, “están pidiendo lo imposible” y no están jugando limpio, y no le paran bolas, ¿qué toca hacer? ¿Bastará con dejar constancia?. Si una de las partes no cumple las normas de la mesa de negociación, hay que exigirle que las cumpla o que se retire y se acabó el cuento. Pero no dejarla que impunemente bombardee lo que se está haciendo. Allí no hay intenciones ocultas de las Farc, pues está todo muy claro: todos los días repiten que no van a dejar las armas, que no van a dejar de ser beligerantes, que no van a reconocer la verdad de los crímenes cometidos, que no van a pagar cárcel, que no van a reparar a las víctimas, que no suspenden las voladuras a la infraestructura, que no dejarán de secuestrar, y que ellos son las verdaderas víctimas del conflicto… Más claro, ¿para dónde?.

Los medios se ocupan más de lo que dice Márquez, y cada uno de los integrantes del combo guerrillero negociador, que de lo que dice el único vocero del gobierno y que lo que declara el Presidente Santos. Las Farc, antes de acordar nada sobre el tema político, están haciendo política desde el primer día de los diálogos, y la seguirán haciendo, porque para ellos la Habana es simplemente una oportunidad magnífica para salir del monte siguiendo en el monte, y para decirle al mundo, aquí estamos y aquí seguiremos. Está superclaro que lo que quieren es una constituyente en la que ellos pongan la mitad de los integrantes y desde ahí convertir la refundación del Estado, de la que hablan, en un botín geopolítico y estratégico para implantar el socialismo bolivariano. El que tenga dudas de eso, que mire para Venezuela, su gran aliado, y que saque la conclusión. Que luchen por ello, puede ser entendible, pero no dar papaya y entregarles el país en bandeja de plata.

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Las FARC están felices. La voz del gobierno es débil y no parece capaz de zanjar el asunto para hacer que los diálogos sigan un cauce estricto, si es que se quiere llegar a algo concreto. Si lo que se están esperando es que las Farc se levanten de la mesa, olvídense de una vez por todas, porque ellos están felices haciendo lo que vienen soñando después de más de 30 años de fracasados intentos: una mesa indefinida, en casa propia, con todos los gastos pagados, con el negocio del narcotráfico bien atendido, y con un sitio seguro para sus vidas, mientras sus compañeros van cayendo uno tras otro en la lucha contra el Estado y contra la nación colombiana.

Muy bueno sería poder decir lo contrario y celebrar los adelantos de los diálogos. Pero son bien pocos y poco conocidos; todo aquello sigue en la clandestinidad del punto primero no terminado y todavía en veremos; y apenas están arrancando con el segundo punto, que ha servido para revelar más patéticamente la voracidad del grupo guerrillero que juega al yo gano y tu pierdes. No va a ser fácil que los colombianos nos lo traguemos así entero; salvo que el sistema político, que es cómplice en esta inaceptable situación, decida claudicar: entonces habría que decir no “París bien vale una misa” sino “Colombia bien vale un premio Nobel”.

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