Opinión

Vivir la innovación

Actualizado el 28 de abril de 2016 a las 12:00 am

Las ideas no examinadas y ejecutadas por la ciencia y la tecnología se quedan solo en ideas

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El uso indiscriminado de ciertos vocablos con relación al desarrollo y la innovación tiende a opacar el significado de los conceptos. El problema es serio cuando se lleva al nivel político, pues las iniciativas pueden estar cimentadas en palabras y no en conceptos. La innovación requiere la existencia de elementos de novedad.

Conviene contribuir a este asunto con vivencias, desde el punto de vista de alguien que ha trabajado en proyectos en desarrollo industrial, aun cuando correré el riesgo de exhibir en todo su esplendor, los signos y síntomas del síndrome del yoyo.

Bromelina. Esta enzima de la piña es utilizada en procesos que requieren la degradación hidrolítica de proteínas. En 1984, el Consejo Nacional para las Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicit) inscribió en el Registro de la Propiedad Intelectual un procedimiento para recuperar bromelina a partir de desechos del proceso industrial de enlatado de piña.

Los autores del estudio fuimos mi estudiante de investigación Carlos Ortiz Malavassi y yo. En esa época, las regulaciones indicaban que el Conicit sería dueño de la propiedad intelectual de resultados obtenidos con sus recursos. Carlos y yo quedamos claramente identificados como los inventores y el Conicit como propietario.

Los procedimientos industriales para la recuperación de la bromelina involucraban el uso de disolventes orgánicos, situación que produce contaminación ambiental “al final del tubo”.

Elemento de novedad del estudio patentado fue que se desarrolló un procedimiento físico alternativo para separar la enzima, sin la necesidad de disolventes orgánicos.

El proceso listo para su escalamiento no fue aprovechado por una cultura de tradición asistencialista en el ámbito empresarial costarricense.

Productos poscosecha. Este otro caso contrasta con el anterior porque mucho del éxito se debió a la actitud visionaria de don Fernando Segura López, de grata memoria y propietario de Ceqsa (hoy Agroambiente de Costa Rica).

A inicios de la década de 1990, hubo una escasez mundial de cera carnauba, material usado para la protección poscosecha de productos vegetales perecederos. Don Fernando firmó un contrato con la Universidad de Costa Rica para que mi laboratorio desarrollara una formulación protectora poscosecha, en donde se sustituyera la materia prima en carestía.

Mi estudiante Joaquín Jiménez Antillón y yo logramos sustituir la cera carnauba por un subproducto de la refinación del aceite de palma, que la empresa Palma Tica mercadeaba para otros usos industriales.

A esta fecha, este protector poscosecha es usado en el continente americano y constituye uno de los principales productos de exportación al África.

Elemento de novedad: en este caso se trató del análisis y puesta en uso de un material de estructura molecular similar a la carnauba, pero con las propiedades biológicas y físicas requeridas para el fin buscado.

Otra ventaja obvia fue la consecución de materia prima alternativa por un material de producción nacional.

Bajo este mismo contrato se desarrolló otro producto de origen renovable para la coagulación del látex secretado por la planta del banano a la hora de la corta de los racimos. El látex derramado mancha la fruta, lo que causa rechazo por parte de los consumidores en mercados extranjeros.

Proyecto Babethanol. Siendo vicerrector de investigación el Dr. Henning Jensen Pennington, en una reunión con autoridades académicas en la ciudad de México surgió el comentario que un grupo de investigadores europeos y latinoamericanos tenían necesidad de buscar un colaborador subcontratado en Latinoamérica para el desarrollo de un proyecto multinacional.

Se buscaba la producción de etanol a partir de residuos agrícolas o agroindustriales. Don Henning recomendó a nuestro laboratorio para completar el grupo, aunque el asunto no era tema central de la reunión.

Elemento de novedad patentado: la ejecución del pretratamiento de los residuos y su transformación en azúcares fermentables en un mismo reactor, para así disminuir los costos de equipo industrial y maximizar su utilización.

Nuestro laboratorio contribuyó –entre otras cosas– a crear nueva metodología para medir el efecto del pretratamiento para hacer más susceptibles los residuos lignocelulósicos a la acción de las enzimas hidrolíticas utilizadas.

Investigación, desarrollo e innovación. Un proyecto de ley que el Gobierno envió a la Asamblea Legislativa relacionado con la promoción de la innovación se basa en la errónea crítica al fundamento de la ley No. 7.169, Ley de promoción del desarrollo científico y tecnológico, de agosto de 1990, porque en esta se concibe la innovación como un resultado de la ciencia y la tecnología.

Se indica en la parte introductoria del proyecto que “en realidad existen muchas fuentes de las cuales provienen ideas que llevan a la innovación, siendo la ciencia y la tecnología parte de ellas”.

Pero las anécdotas muestran que ideas que no sean examinadas e implementadas por el proceso de la ciencia y la tecnología se quedan solo en ideas. El asunto no es huevo o gallina, sino huevo y gallina.

El autor es químico, catedrático Humboldt 2006 de la UCR.

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