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¡Viva México! ¡Arriba Peña!

Actualizado el 10 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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Hace ocho años escribí en este espacio un artículo intitulado “Libre comercio, libre migración”, defendiendo la idea de que, para ser coherente, el libre comercio debía implicar libre migración. Consecuentemente, me alienta que el actual presidente de México, Enrique Peña Nieto, “pone en la mesa del SICA” esa idea, según informó este periódico el pasado 21 de febrero. Sin embargo, advierto que la eficacia de esa medida requiere decisiones complementarias en el contexto geopolítico y doméstico más amplio. De otro modo, podría resultar contraproducente.

Los convenios de libre comercio e integración se han desarrollado con base en la remoción de aranceles a mercancías e impuestos al capital, mientras que el levantamiento de controles migratorios se posterga. En otras palabras, se reducen los obstáculos al sector empresarial, que controla mercancías y capitales; y el levantamiento de controles migratorios se posterga o se reducen mucho más lentamente las limitaciones al sector laboral. Esto se ha observado en todos los tratados entre países del hemisferio norte, entre naciones del hemisferio sur y entre norte y sur. Inclusive, en el caso de la Comunidad Europea, la libre migración estuvo entre los últimos lugares de la agenda de unificación.

Comercio y migración. Con libre comercio y libre migración, los trabajadores agrícolas e industriales que se desocupan por falta de competitividad de sus empleadores, podrían emigrar a Estados Unidos y otros países desarrollados, a fin de ofrecer su fuerza de trabajo a empresas en sectores similares u otros. En cambio, sin libertad de migración, quedan “atrapados” allí y aquí, viéndose obligados a buscar empleo en otros sectores nacionales. Esto expande la oferta de fuerza de trabajo en ellos, presionando los salarios hacia abajo.

Esto beneficia a los empleadores correspondientes, por lo cual favorecen los TLC, con insensibilidad para sus colegas que sucumben ante la competencia extranjera.

Por otra parte, con libertad para emigrar a Estados Unidos, se reduciría la oferta de fuerza de trabajo en Costa Rica y países similares, lo cual presionaría los salarios en general hacia arriba, mejorando la distribución del ingreso en favor de los trabajadores, aunque esto podría tender a debilitar a algunos sindicatos, inhibiendo a sus dirigentes pensar en la libertad de migración como punto básico o “estratégico” en negociaciones de libre comercio.

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Visión parcial. Así, tanto algunos dirigentes empresariales como otros sindicales ven los problemas económicos de modo parcial y prejuiciado, considerando solamente sus intereses y preferencias sectarios, y no analizan los TLC de manera completa, objetiva, crítica y práctica.

Para evitar el callejón sin salida a que eso lleva, los ciudadanos y representantes político-laborales deben enfocar este asunto en forma radical y abierta. ¿Por qué hablar solo en términos de “libre comercio”, que privilegia la movilidad internacional de capital mercantil y financiero? ¿Por qué no pensar más ampliamente en “libre concurrencia” (a todos los mercados) para conceder igual movilidad al trabajo o a los trabajadores?

Con su idea sobre migración, el presidente de México abre las puertas para discusiones bilaterales con Costa Rica y Centroamérica, y también a nivel mundial.

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