Opinión

La Virgen de la Cueva

Actualizado el 11 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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La tradicional canción infantil cantada hace muchos años, “ que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva… ” ha dejado de ser un simple juego para muchas familias en Centroamérica. Cuando se inicia la temporada de lluvias, se hace evidente la fragilidad de las condiciones de vida de esas personas y las dificultades para impedir que se vean afectadas por un desastre. También es difícil velar para que las instituciones estatales respondan oportunamente. Cada vez que la virgen se va a la cueva, miles de personas quedan al descubierto y sin protección.

En cada evento extremo, el ingreso disminuye y se altera la dieta familiar producto de las pérdidas en la producción de cultivos, en especial los de la llamada economía de patio. Los alimentos no llegan a las mesas y esta situación paulatinamente disminuye la nutrición de niños y niñas, lo cual se agrava durante las emergencias debido a la falta de atención oportuna (vacunas, vitaminas y medicamentos contra enfermedades gastrointestinales). Cada vez que el nivel de las lluvias se incrementa, las primeras personas que abandonan hogares y escuelas son niñas, niños y mujeres.

Las condiciones de vida en los albergues no son las mejores y se interrumpen los días de escuela. La suma de lluvias intensas y condiciones socio-económicas precarias crea un entorno vulnerable que reduce la independencia y la autosuficiencia social de comunidades completas. Durante la severa temporada de lluvias, se producen mayores restricciones en el acceso al agua, pero la situación se agrava cuando no existen instalaciones adecuadas para suministrar un adecuado saneamiento en escuelas, hogares y albergues.

El costo económico de las lluvias para Centroamérica en los últimos treinta y cinco años fue de $130 mil millones (Cepal:2011). Hay zonas más afectadas que otras, como las costas que, desde hace varios años, experimentan una fuerte presión por la disponibilidad del agua, seguridad de acceso a los alimentos, mermas significativas en la productividad agrícola y, por tanto, efectos directos sobre la nutrición de la niñez, los ingresos de las trabajadoras del campo, la conservación del empleo y la salud, particularmente debido a la muerte por efecto de las inundaciones o por la transmisión de enfermedades producto de las lluvias. Cepal concluyó que el impacto específico de las lluvias sobre las mujeres de los cinco países es cercano a los $7,7 millones.

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Sin embargo, la agenda política regional no es clara en cuanto a los derechos que se lesionan durante los desastres. Hasta hace poco, el SICA inició una reforma al Plan de acción regional de Cepredenac a fin de incluir el enfoque de género en ese instrumento y en las medidas de atención en casos de emergencia. En general, hay poca acción desde el Estado, las organizaciones sociales, los medios de comunicación y la cooperación internacional por colocar estos temas en la agenda pública. En la agenda del cambio climático, las prioridades políticas están en la mitigación global de las emisiones y en evitar la debacle del Protocolo de Kyoto. Recientemente, las medidas de adaptación han puesto sobre la mesa al ser humano, pero sus enfoques privilegian la biodiversidad o los medios de vida (UICN: 2010).

La Fundación para la Paz y la Democracia considera que los desastres crean un entorno vulnerable que daña la calidad de vida y, por tanto, es indispensable desarrollar mecanismos que garanticen una actuación anticipada. Desde ese punto de vista, el disfrute de una vida digna durante una emergencia implica la urgencia de suministrar apoyos básicos con medidas de adaptación que reduzcan la vulnerabilidad de las personas. Esas medidas deben asegurar al menos tres componentes importantes: a) adaptación con enfoque de derecho (las personas en el centro); b) la no discriminación (inclusión) frente a los actores que con más recursos o poder pueden superar fácilmente los efectos de la temporada de lluvias; c) la comunicación para los derechos humanos a fin de sensibilizar e incidir políticamente en quienes toman decisiones.

Se entiende que las medidas de adaptación son mecanismos que pueden reducir los daños de manera igualitaria en una comunidad o región, especialmente en grupos desfavorecidos como las mujeres, niños y niñas.

Las medidas de adaptación pueden ser un canal que haga posible un entorno favorable durante episodios de emergencia. Es decir, la adaptación como una medida de carácter político y también democrático que permite a ciertas poblaciones (mujeres, niños y niñas) contar con medidas locales para reducir su exposición a los daños e impedir que vean disminuida su calidad de vida.

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La poetisa panameña Lucy Chau, en su libro La Virgen de la Cueva , escribió un poema que dice: “Perdimos la misa de las seis, las hortalizas, las cajas de zapatos, los muebles elegantes de cartón comprimido. Todo, porque vimos desteñirse el diploma de la nena, la emoción, las fotos pegadas para siempre...”.

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