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Víctor J. Flury: El yo literario

Actualizado el 30 de abril de 2015 a las 12:00 am

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Víctor J. Flury: El yo literario

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El lenguaje, pese a ser el aliado número uno del hombre, tiene su dinámica propia y una forma particular de marcar su territorio y de advertir sobre el uso que se haga de él.

Voy a poner como ejemplo el caso de la llamada literatura del yo que hizo mucho ruido décadas atrás y que ilustra esta dinámica de manera concluyente. Si escribo: “Corrí tras ella hasta alcanzarla, la tomé de un brazo, la hice girar y le dije: por favor, no te vayas”, hay un sujeto –el yo– que no se muestra.

Se trata de un yo tácito y el efecto es claro: el protagonista fija la decisión categórica de correr tras ella y se agota en dicha acción.

Pero, en cambio, si hago aparecer el yo, diciendo “yo corrí tras ella…”, pasa algo desconcertante: la acción ya no discurre libre y suelta hacia el único objetivo de la carrera, sino que retrotrae el movimiento y lo atornilla al yo y a su actividad básicamente reflexiva… mientras la mujer escapa y la prosa ve cómo se aleja.

¿Por qué sucede esto? Los que saben cómo funciona la conciencia, de Husserl para acá, han llamado la atención sobre su carácter intencional, una cualidad que subordina y eclipsa el discurso íntegro (en nuestro caso, la mujer que corre) apenas abre el texto. Hecho que separa la literatura en primera persona –que omite el yo visible– y la literatura del yo –que lo exhibe–; y no solo eso, que demuestra también la imposibilidad de una literatura del yo.

¿Se imagina, lector, detenerse a cada rato en las paradas de una prosa que jamás llega a destino porque siempre vuelve sobre sí? ¡La frustración! Ergo, mejor esconder el yo… si anhelamos que cumpla su papel, y celebrar un hecho: el lenguaje no soporta todo lo que hagan en su nombre. Ni siquiera un poco.

*Víctor J. Flury es escritor y crítico de cine.

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