Opinión

Verdad a medias

Actualizado el 20 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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Dice un proverbio: “No hay peor mentira que una verdad a medias”. Don Armando González, en su columna de 17 de marzo del 2013, omite indicar que, en la nota que critica, analicé las circunstancias históricas que motivaron la decisión del científico Dr. Jokin de Irala.

Don Armando tendría razón, si estuviera analizando solo en teoría la letra de las normas. Pero no la tiene, ya que omite analizar que ocurrió una violación grave a los derechos constitucionales y humanos, hecha por quien se supone debe velar por el cumplimiento de esos derechos. Recordemos que la Sala Constitucional, sin respetar el debido proceso de ley, ni los principios de audiencia y defensa, de la Asociación que represento ni del científico, anuló un acto en el que se otorgaban derechos al Congreso organizado por mi representada.

En esas circunstancias es normal preguntarse, de dar la conferencia: ¿Quién va a definir la responsabilidad posterior? ¿Será el poder judicial? ¿Serán los mismos jueces que condenaron sin escuchar previamente? Para entender la decisión del Dr. De Irala se deben analizar todos los hechos en su conjunto, por muy vergonzosos que estos sean para el país.

La libertad de expresión forma parte de la libertad de información. En un Estado de derecho esto implica ausencia de control por parte de los poderes públicos, y de órganos administrativos al momento de ejercitar ese derecho. Así, anular la declaratoria de interés público, con base en una única razón, la participación en el Congreso del Dr. De Irala, es censura previa.

Después de lo ocurrido, los costarricenses se preguntan: ¿Cuál es el miedo que la gente sepa que la eliminación de la homosexualidad como “alteración” no fue el resultado de un debate o un análisis científico sereno y serio? ¿Por qué la gente no puede saber que ninguna evidencia científica seria apoya la teoría de un origen genético de la homosexualidad? ¿Porqué ocultar la información científica que indica que no se nace homosexual? ¿Cuál es el miedo de que la gente se entere que existen muchos especialistas que trabajan en la ayuda y terapia de homosexuales que quieren y consiguen superar su homosexualidad? Si una persona libremente quiere pedir ayuda para reencontrarse con su heterosexualidad: ¿por qué se le prohíbe hacerlo? Me resulta absurda la afirmación de que una persona, solo por sentir atracción por personas de su mismo sexo, no puede ir al terapeuta.

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Como también es absurdo que el interés público del Congreso se “perdió” simplemente por la participación de un conferencista.

Alexandra Loría. Representante de la Asociación Costar. para el Estudio y la Difusión de la Bioética

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