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‘Ventanas al pasado’: ver y oír hacia el porvenir

Actualizado el 21 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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‘Ventanas al pasado’: ver y oír hacia el porvenir

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Qué interesante, como lo hicieron las colegas Echandi y Mora, divulgar ahora, y bajo este título, imágenes fotográficas captadas por Federico Álvarez Feo en los años treinta y cuarenta. Se refieren a un país de cuyo nombre no me acuerdo, con más confianza en sí mismo y donde se cumplía ese anhelo que se observa en más de un grafiti: ¿se imagina un San José sin rejas?

A través del lente del exilado venezolano se denota un destacado énfasis por la infraestructura del país. Igual, las autoras de la colección tuvieron cuidado de subrayar este imperativo al dedicarle al aspecto en cuestión (caminos y medios de transporte) cantidad de material y hasta un apartado especial. Lo mismo que la educación y la salud pública, la infraestructura actúa como factor multiplicador.

Esta publicación constituye una invitación a comparar el hoy con el ayer, en función del mañana. Con el permiso de la concurrencia de lectores, me pongo entonces a soñar al ver esa foto que reza: “Tranvía en avenida central hacia San Pedro, 1938” (entiendo que el subtítulo es de las recopiladoras).

La poderosa comparación con los ojos pasa incluso a los oídos: en más de un aspecto hemos retrocedido. Me confirman varios viejos queridos que aquel tranvía era casi silencioso. En cambio, bullicio cotidiano y simple y llano subdesarrollo es lo que genera ahora el tren desde bastante antes de las seis de la mañana hasta después de las nueve de la noche. Con motivo de la romería hacia Cartago, igual hubo escándalo hasta las tres de la madrugada.

El problema no es el tren en sí, sino la mentalidad de cierta gente atrapada en tiempos del citado Álvarez Feo: lo mismo que entonces el humo de las fábricas suponía simbolizar el adelanto…, ahora, todavía, cantidad de gente hasta justifica el ruido infernal del tren como inevitable concomitante del progreso; alguno señala que los aledaños al tren deberíamos sacrificarnos (incluyendo en cuanto al valor de nuestra propiedad) por el “avance”.

Voy al factor humano: esa mentalidad primitiva de tanto automovilista y peatón que pretende “jugársela” y cree tener “chance” no se logrará evitar con otra malacrianza, la de tanto maquinista: no por mucho pitar (de manera escandalosa, además) amaneceremos con menos accidentes. Faltan soluciones integrales: no confundir tren (interurbano) con tranvía (urbano); barreras y sistemas de luces; multas a los infractores; educación cívica de todos… En el entretanto, resultarán tanto o más eficientes algunos pitazos, moderados y reiterados, que una sola estridencia, prolongada en tiempo (hasta un largo minuto entero) y espacio (al escucharse entre otros de San Pedro hasta barrio Pinto).

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Al apreciar entonces esas fotos felizmente rescatadas, pienso en lo conveniente de confrontar con el pasado no para quedar en él, sino para orientarnos hacia el futuro.

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