Opinión

En Vela

Actualizado el 24 de junio de 2013 a las 12:01 am

Opinión

En Vela

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Cuando uno tiene a cargo una columna en un periódico, va recogiendo, a lo largo de la semana, ciertos temas de fondo o sugestivos que le servirán de insumos para este fin. Es una tarea atractiva y formativa, que, a la vez, enseña los movimientos fluctuantes y sorprendentes de la historia, y en esta el propio recorrido de nuestro país.

El periodismo es, por ello, una caja inagotable de sorpresas. Ninguna profesión, como esta, exige entonces estar alerta para captar los hechos, entenderlos y, lo más importante, comunicarlos. En el periodismo está prohibido ser egoísta. Está en la ética de sus valores la exigencia de compartir.

Esta semana pasada, como otras, ya había espigado en las noticias diarias para redactar este comentario. Las había de todo género y contenido. Ayer domingo, sin embargo, una sola noticia me indujo a modificar mi lista y a escoger, pues reunía todas las condiciones pertinentes para reflexionar y compartir: relevancia del hecho, cercanía geográfica y cultural, antecedentes trascendentes y resonancia histórica. Se trata del ataque popular y policíaco, en Managua, a garrotazos, en la madrugada del sábado, contra un grupo de ancianos, de parte de unas 300 personas ataviadas con consignas del gobierno y dando gritos de muerte y amenazas de violación.

La turba fue llevada al lugar los hechos en camiones de la alcaldía de Managua, según lo atestiguan numerosos testigos. Los atacantes irrumpieron en el campamento improvisado de los ancianos y despojaron de sus escasos bienes a los ancianos. La Policía, mientras tanto, permanecía inmutable y, entre risas y ofensas, hicieron un cordón policial para impedir el paso de la gente, cuyo pecado consistía en solicitar el pago de una mísera pensión que, por décadas, han pedido al gobierno y al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social. Disidentes del Frente Sandinista, el opositor Movimiento Renovador Sandinista y la Iglesia Católica han denunciado y condenado estos actos de barbarie, realizados “ por grupos paramilitares, mediante tácticas propias del terrorismo de Estado”.

El líder de los sindicatos oficialistas, Gustavo Porras, acusó a los ancianos de estar manipulados por políticos de la derecha para hacer de Nicaragua un ensayo de la primavera árabe…La violencia de la mano de la imbecilidad y del cinismo.

PUBLICIDAD

Cuando un gobierno llega a estos extremos, es muestra evidente de su debilidad interna y de la corrupción sin límites de sus gobernantes. Esta es la realidad y la ética de los gobernantes de Nicaragua, de quienes podemos esperar cualquier cosa, como lo prueba nuestra historia.

  • Comparta este artículo
Opinión

En Vela

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota