Opinión

Usain Bolt: “… simplemente salí a ganar”

Actualizado el 07 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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Usain Bolt: “… simplemente salí a ganar”

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Como quien confiesa un pecado, y hasta con cierta vergüenza por no romper el récord del mundo de los 100 metros, el corredor Usain Bolt explicó, desde Moscú, que como no estaba en las mejores condiciones físicas “… simplemente salí a ganar”. No sabemos si está presumiendo o si por momentos adoptó un aire de tragedia anecdótica en la cual ganar –sí, ganar– es apenas aceptable y casi el peor resultado al que puede aspirar. Habló derrotado, con una pena inexplicable –por lo menos para nosotros, el resto de los mortales– pena por no romper el récord. Repito: para Usain Bolt, “simplemente” ganar una carrera, o ser campeón del mundo, es un “mal” resultado, porque tiene una meta superior. Ganar no es suficiente, porque es sólo una victoria relativa, un accidente transitorio y fugaz. Solamente ganar, así, a sus rivales casuales del día, le deja un mal sabor. Él quiere más.

Si repasamos la breve explicación de este Mercurio del reggae, vamos cayendo en cuenta de varios hechos que merecen atención. El primero y más importante: Usain Bolt anhela hacer carreras extraordinarias e irrepetibles. Lo mejor posible, lo que nunca nadie haya hecho jamás. Es uno de esos bichos raros que marcan su vida, su generación y hasta la historia, y le imprimen al triunfo su inconfundible sello personal: son eternos insatisfechos, para los que ganar no es suficiente. Como él dice, se gana simplemente a los otros corredores. Sin embargo, se trasciende y se rompen esquemas, cuando se le gana al mejor de la historia, porque eso es romper un récord: superar al mejor de todos los tiempos. En este caso, se encuentra frente a la paradoja de que él también es el mejor de la historia: Usain Bolt y su récord del mundo. En este corredor se conjugan, entonces, lo mejor del pasado y del presente, porque al intentar romper el récord, intenta llegar a la perfección, superándose a sí mismo. Ese es el único competidor que le plantea un reto de verdad: su “pretérito perfecto”. El resto de los corredores en la pista cumplen con la formalidad de llenar campos en los restantes carriles, porque él no corre contra ellos. En realidad, Bolt corre contra sí mismo.

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Es imposible ganarle a alguien así, porque es muy similar a lo que decía Felice Gimondi sobre su admirado archirrival, Eddy Merckx: “Él es un ser superior: ganaría en cualquier cosa que hiciera. Siempre seré segundo o tercero, porque tuve la mala suerte de nacer y ser ciclista en la misma época en que Merckx lo fue”.

Bolt nos da una segunda lección: si esta es mi realidad del momento –que no estoy en mis mejores condiciones– pues por lo menos salgo por la victoria. Este triunfador no se revuelca en el fango de la autocompasión, sino que sale a vencer, y gana. Cuando le va mal, termina como campeón del mundo.

El mensaje de Bolt es simple, corto, brutal y demoledor: salga a la calle y haga cosas extraordinarias. Y si no puede –porque su humanidad no se lo permite– pues por lo menos luche y gane. Esa actitud la hemos visto antes en Alejandro, César, Miguel Ángel, Da Vinci, Napoleón, Beethoven, Gandhi y Roger Federer. Personas así derrotan a sus demonios internos y construyen o derrotan imperios. Hombres así no se conforman con lo posible y nos señalan el camino hacia lo imposible.

La victoria es lo mínimo con lo que debamos conformarnos. ¿Cuál debe ser nuestro objetivo permanente? Ser superiores.

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