Opinión

Estados Unidos, entre la polarización y el rechazo

Actualizado el 20 de julio de 2014 a las 12:00 am

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Estados Unidos, entre la polarización y el rechazo

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El ambiente electoral es cada vez más evidente en Estados Unidos. Ni siquiera acontecimientos en el ámbito internacional detienen el auge de noticias relacionadas con las parciales del 2014 y las frecuentes conjeturas acerca de los posibles candidatos presidenciales para el 2016.

Desencanto. La población, dividida en forma cada día más intensa, manifiesta al mismo tiempo un alto grado de rechazo a los políticos o como electores desencantados por las características del sistema electoral en su forma actual.

Los índices de aprobación del presidente y el Congreso federal revelan un apoyo bastante limitado a las gestiones de ambos poderes. El actual ocupante de la Casa Blanca no cuenta con el firme apoyo de la mayoría de la población y el Congreso ha alcanzado los más bajos porcentajes en cuanto al respeto que concede el electorado. Al estar dividido el Poder Legislativo entre un Senado controlado por los demócratas y una Cámara de Representantes en manos de los republicanos, ese rechazo parece extenderse a políticos de ambos partidos.

Por un lado, los liberales resienten que Barack Obama no haya cumplido plenamente sus promesas a ese sector y, por el otro, los conservadores se dividen entre los más radicales, al estilo llamado Tea Party , y los elementos más tradicionales del establishment republicano, considerado más moderado.

Mientras un gran sector cree que los republicanos, con su control cameral y su representación senatorial, se han dedicado mayormente a obstruir la Presidencia, muchísimos ciudadanos han llegado a rechazar de tal manera la gestión presidencial que ni siquiera consideran suficientes los esfuerzos parlamentarios de su partido por evitar llevar a votación los proyectos y propuestas procedentes del Ejecutivo.

Divisiones. El Partido Demócrata está ahora relativamente unificado en torno a una ideología considerada liberal en el espectro político estadounidense. Las divisiones más claras están ahora entre los republicanos, pero siempre en un marco conservador. En un pasado no lejano, las divisiones entre los demócratas permitían gobernar con cierta facilidad a presidentes republicanos que aprobaban sus propuestas con apoyo de demócratas conservadores del Sur. Pero, gracias a su antiguo control de gobiernos estatales, los demócratas dividieron los distritos congresionales de forma que les favorecía en las elecciones. Eran maniobras llamadas gerrymandering (manipulación de las circunscripciones electorales de un territorio). En décadas recientes, con más republicanos en los gobiernos estatales, estos hicieron lo mismo.

El Demócrata era un partido con control del Congreso, mientras los republicanos obtenían con frecuencia la Casa Blanca, con cierta ayuda del voto demócrata sureño. Sus candidatos a la presidencia hacían campaña atacando tanto al liberalismo como al Congreso. No vislumbraron claramente que, en un futuro, ahora convertido en presente, los demócratas perderían ventajas camerales, pero controlarían con más facilidad la votación para la Casa Blanca.

Entre 1992 y el 2012, los republicanos solo ganaron el voto popular en el 2004 con la reelección de George W. Bush (con ventaja de solo 3 puntos porcentuales), elegido en el 2000, sin mayoría en el voto popular, gracias a una pequeñísima y muy discutida ventaja en el Colegio Electoral (271 a 267).

Demografía cambiante. La demografía está cambiando. Los porcentajes de votantes de las minorías afrodescendientes e hispanounidenses, y de las mujeres, inclinan la balanza hacia los demócratas. A esa realidad se suma la de una generación que no refleja necesariamente los valores tradicionales y de un número mayor de defensores de las posiciones de la comunidad homosexual hacia el matrimonio y otros temas. Eso no favorece a los republicanos.

Pero el cuadro para las parciales del 2014 necesita matizarse. La distribución de distritos congresuales favorece ligeramente a los republicanos, quienes también se beneficiarían de un caudal de votación, mejor que el de elecciones presidenciales. Y las motivaciones para votar son mayores en votantes del partido de oposición.

Los cambios en las encuestas son frecuentes e impiden predecir a más de tres meses de distancia. La situación internacional irá cambiando y cada bando encontrará razones, del presente y del pasado, para culpar a sus adversarios. Faltan dos años y meses para las elecciones presidenciales. Entonces Barack Obama no estará en la boleta y todavía no se conoce quiénes serán los candidatos.

Insatisfacción. Así las cosas, lo que resulta más fácil comprobar es que, mientras muchos estadounidenses se dividen con mayor apasionamiento entre republicanos y demócratas, esa lamentable y riesgosa polarización coincide con indiferencia, apatía y hasta con el rechazo de infinidad de votantes, insatisfechos con ambos partidos y con la cada vez más alarmante, excesiva y poco respetable recaudación de fondos de campaña.

Marco Antonio Ramos, académico de número de la Academia Norteamericana y académico correspondiente de la Real Academia Española.

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