Opinión

Unidos contra el extremismo

Actualizado el 12 de abril de 2014 a las 12:00 am

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LONDRES – Gobiernos de todo el mundo encaran cada vez más una cuestión fundamental: cómo abordar las causas del extremismo violento, que a menudo tiene orígenes religiosos. Consejos no les faltan, y de una amplia gama de fuentes.

Por ejemplo, un miembro de Al Qaeda señaló hace poco por qué el fracaso de las autoridades británicas para explicar adecuadamente las razones por las que no intervino en la guerra civil siria conllevaba el riesgo de una mayor radicalización de musulmanes. Mientras tanto, el alcalde de Londres, Boris Johnson, sugería separar a niños de padres radicales. Si bien dichas ideas generaron puntos de vista diversos, son una señal positiva de que es necesario discutirlas públicamente.

Muchas personas reconocen la necesidad de respuesta de parte de servicios de seguridad a actos terroristas, en particular después de un ataque. Sin embargo, un cambio duradero requiere abordar no solo las consecuencias del extremismo, sino también sus orígenes. ¿Qué se puede hacer?

Primero, los Gobiernos tienen que empezar a concebir la educación como un asunto de seguridad. Por ejemplo, en lugar de inquietarse permanentemente por la existencia de contenidos en línea peligrosos, podríamos hacer más para educar a nuestros jóvenes a fin de que cuenten con destrezas de análisis necesarias para ignorar dichos contenidos.

Este es un nuevo desafío y no será fácil. Antes de la revolución digital, los jóvenes conocían a otras personas de otros países y culturas en circunstancias relativamente limitadas, como, por ejemplo, durante vacaciones en el extranjero o en un programa de intercambio escolar. Ahora, sin embargo, pueden interactuar con muchas personas de muchos lugares del mundo en cuestión de segundos gracias a sus teléfonos inteligentes. Muchas de estas conexiones tienen lugar en plataformas no moderadas que exponen a los niños a una amplia serie de opiniones, creencias y culturas, no todas positivas o seguras.

Por desgracia, hay pocas fuentes de asesoría adecuada para ayudar a los jóvenes a librar estos peligros. Gran parte de los padres apenas pueden abordar la tecnología en evolución, menos aún supervisar las conversaciones en línea de sus hijos.

Esto significa que les corresponde a nuestros sistemas de educación actuar temprano para ayudar a la generación conectada a interactuar de forma segura en el mundo digital de hoy. Si logramos enseñar a los niños a distinguir lo que tienen en común con niños de otras culturas, también podemos ayudarles a rechazar los prejuicios de aquellos que tratan de distorsionar la verdad y dividir a las personas.

Los programas escolares de la fundación Tony Blair (Tony Blair Faith Foundation) han dado un primer paso importante en este sentido. Ofrecen un espacio moderado en el que los jóvenes de entre 12 y 17 años de todo el mundo pueden hablar de desafíos desde diversos puntos de vista, de forma respetuosa y segura.

Segundo, los Gobiernos deberían apoyar a aquellos grupos que ya están trabajando en el terreno y en línea para luchar contra el extremismo. Un enfoque es alentar “contranarrativas”. En países que sufren conflictos religiosos, como Nigeria, esto significa ayudar a líderes religiosos a desarrollar vínculos intercomunitarios fuertes. Sabemos que, cuando personas de diferentes religiones trabajan en conjunto para el bien de toda la comunidad, pueden entenderse entre sí y eso contribuye a resistir el llamado de los extremistas.

Este tipo de trabajo sostenido a largo plazo rinde sus frutos cuando sucede lo peor. Por ejemplo, en respuesta a los ataques del año pasado contra una iglesia en Peshawar, Pakistán, los musulmanes de la localidad formaron cadenas humanas alrededor de las iglesias para permitir que se llevaran a cabo las misas. Una demostración tan visible de desafío ante la violencia fortalece los vínculos entre las comunidades y puede prevenir las divisiones que los extremistas tratan de crear.

Los beneficios de un espíritu intercomunitario como ese son evidentes en una de las ciudades con población más diversa del mundo, Londres. En junio del año pasado, el ataque incendiario contra la sede de la Asociación para el Bienestar Bravanés Somalí en el distrito de Muswell Hill de la ciudad (que siguió al asesinato del soldado del Ejército británico Lee Rigby por extremistas religiosos) unió a las distintas comunidades. Ciudadanos de Londres, una red de instituciones cívicas locales, organizó programas judíos de asistencia para musulmanes somalíes, incluyendo eventos extraescolares en la Hendon School y la Eden School. Mientras tanto, la sinagoga reformista de Finchley organizó un festival de Ramadán y la sinagoga unida de Finchley fue la anfitriona de un evento de Eid. Estas actividades enviaron una poderosa señal a los extremistas de que su intento por enemistar a las comunidades religiosas había tenido el efecto contrario.

En tercer lugar, es esencial eliminar pronto los contenidos extremistas en línea. YouTube utiliza procedimientos técnicos sofisticados para garantizar que los videos más ofensivos dejen de difundirse rápidamente. Pero esto es solo la mitad del trabajo: también debemos apoyar y promover voces creíbles alternativas en línea para contrarrestar las versiones extremistas. Por supuesto, eso no significa poner videos de políticos vestidos de traje que digan a los jóvenes que no se unan a la Jihad en Siria. Más bien, significa identificar y apoyar a aquellos grupos cuyos mensajes antiextremistas tengan eco entre el público al que van destinados.

Por último, en estos tiempos difíciles para la economía, debemos estudiar formas rentables de promover este trabajo a nivel global. Una fuente futura de apoyo para grupos efectivos, pero que carecen de recursos, podría ser el recién establecido Fondo Global para la Participación y Resistencia de las Comunidades, que es el primer fondo público-privado para apoyar los esfuerzos de organizaciones de base locales para contrarrestar el extremismo.

A medida que el ritmo de la globalización y el cambio tecnológico se aceleran, los extremistas están utilizando medios cada vez más creativos para divulgar su mensaje. Los Gobiernos deben responder del mismo modo.

Charlotte Keenan es directora ejecutiva de la Tony Blair Faith Foundation. © Project Syndicate.

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