Opinión

Estados Unidos con Irán en Siria

Actualizado el 14 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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Estados Unidos con Irán en Siria

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PRINCETON – La perspectiva de un ataque militar de EE. UU. a Siria se ha debilitado a raíz de la aceptación que dio el presidente Obama a una iniciativa internacional para controlar el arsenal de armas químicas de Siria. El giro de 180 grados, en el último momento durante las presiones en pro de la acción militar, se ha producido sobre un fondo de intensificación de la presión diplomática por parte de la comunidad internacional para evitar la escalada de la violencia en Siria, y ese resultado no es posible sin Irán.

En una conferencia de prensa conjunta con su homólogo sirio, Walid Al Moallem, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, presentó una propuesta, originalmente acordada con Irán, en la que se pide que Siria “ponga sus almacenes de armas químicas bajo control internacional”. Después, los arsenales serían destruidos y Siria se adheriría plenamente a la Convención sobre las Armas Químicas. El segundo componente de la propuesta rusa-iraní pide medidas internacionales, con los auspicios del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, para frenar las capacidades en materia de armas químicas de las fuerzas rebeldes sirias.

Moallen aceptó inmediatamente la propuesta. Unas horas después, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, lo hizo, también; mientras que Obama dijo: “Espero fervientemente que se pueda resolver esta cuestión de forma no militar”.

Esa iniciativa permitiría a Obama escapar de un embrollo político y de un aprieto en materia de asuntos exteriores; pero el asunto dista de estar zanjado: Obama no ha descartado un ataque militar. Así, pues, aquí ofrecemos doce razones por las que Estados Unidos debe aprovechar la oportuna resolución diplomática que brinda el plan ruso-iraní.

Primera: existen pruebas de que la oposición siria ha acopiado armas químicas. En diciembre del 2012, Irán informó oficialmente a EE. UU. sobre las armas químicas, incluido el gas sarín, que se estaban trasladando a Siria. Los EE. UU. se negaron a cooperar con Irán para presionar y actuar al respecto.

Segunda: los ataques militares de EE. UU. a Siria podrían sumir a toda la región –y, tal vez, a los EE. UU.– en una guerra más amplia. Después de sus experiencias en Afganistán e Iraq a lo largo del pasado decenio, los EE. UU. no pueden, precisamente, permitirse el lujo de meterse en el atolladero sirio.

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Tercera: al intensificarse el conflicto regional suní-chií, la perspectiva de que decenas de miles de millones de petrodólares respalden a extremistas terroristas ya ha desestabilizado la región. Cualquier ataque militar de EE. UU. contra Siria avivaría, aún más, el extremismo, y el resultado de ello serían atrocidades generalizadas por parte de los rebeldes contra sirios de todos los credos. Se ha informado de la ejecución y mutilación de prisioneros pertenecientes al Gobierno sirio. No cabe duda de que la suerte de las comunidades cristiana y judía de Siria es, ahora, extraordinariamente precaria.

Cuarta: la decisión de Estados Unidos de respaldar a extremistas en Siria contradice su “guerra al terrorismo” y erosionará el apoyo internacional para esta. La perspectiva de una cooperación iraní para erradicar a los extremistas de Al Qaeda, que prestó en Afganistán e Iraq, sería improbable tras una intervención.

Quinta: constituye un error dar por sentado que, sin el presidente de Siria, Bashar Al Asad, Irán perdería su influencia en el mundo musulmán y su vinculación con Hezbolá en el Líbano. Tras las invasiones, encabezadas por EE. UU., de Afganistán y de Iraq, la posición regional de Estados Unidos se debilitó, y la del Irán se fortaleció. La intervención de los EE. UU. en Siria podría reproducir ese modelo.

Sexta: un ataque de los EE. UU. a Siria dejaría a estos aislados internacionalmente y acabaría con toda esperanza de una resolución diplomática. No hay deseos internos ni internacionales de otra aventura militar de EE. UU.: la OTAN, el G-20, los europeos, Rusia, China y el 60% de los estadounidenses se oponen a un ataque militar unilateral de los EE. UU.

Séptima: el número de víctimas civiles resultantes de un ataque militar sería elevado. Si la justificación principal para un ataque es humanitaria –la de poner fin a la insensata matanza de civiles sirios–, la intervención militar de EE. UU. haría mayor mal que bien.

Octava: la participación de EE. UU. en Siria reavivirá los esfuerzos encaminados a presionar a favor de una guerra más amplia entre los EE. UU. e Irán. Los afiliados de Al Qaeda pondrán la mira en intereses regionales de los EE. UU. con la esperanza de que se culpe de ello a Irán y a sus militantes, lo que brindaría un pretexto para la confrontación militar de EE. UU.

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Novena: un ataque militar de EE. UU. contra un tercer país de mayoría musulmana demolería el crédito obtenido por Obama con sus esfuerzos para restablecer el prestigio de Estados Unidos en el mundo islámico. De hecho, resultaría con mayor probabilidad una bendición estratégica para el “eje de la resistencia”: Irán y Hezbolá.

Décima: cualquier ataque militar unilateral de los EE. UU. contra Siria intensificaría las tensiones entre EE. UU. y Rusia, lo que, a su vez, fortalecería la alianza Rusia-Irán.

Undécima: el dirigente supremo de Irán, Ayatolá Ali Jamenei, concedió el permiso al nuevo Gobierno del Presidente Hasán Ruhaní para celebrar conversaciones directas con los EE. UU. No es probable que se presente una oportunidad mejor de poner fin a decenios de hostilidad bilateral. En esas circunstancias, un ataque de EE. UU. a Siria truncaría, con casi total seguridad, toda esperanza de un acercamiento de Estados Unidos con Irán, en los próximos años.

Por último, ahora que ya ejerce como presidente el moderado Ruhaní, un ataque militar de Estados Unidos podría socavar una oportunidad de oro para que este país e Irán alcancen una solución para salvar la cara (de las dos partes) respecto del programa nuclear del Irán.

Tanto Irán como EE. UU. consideran un crimen grave la utilización de armas de destrucción en gran escala. De hecho, Irán fue una víctima importante de ataques con armas químicas durante su guerra, de 1980-1988, con el entonces Iraq de Sadam Husein. Irán puede ser un socio importante para detener la proliferación de armas de destrucción a gran escala en Siria, Oriente Medio y otras regiones.

Irán sostiene que el Consejo de Seguridad es el único órgano legalmente autorizado para verificar las alegaciones sobre la utilización de dichas armas mortíferas, y decidir sobre la reacción apropiada. Una vía prometedora para la cooperación Estados Unidos - Irán sobre Siria podría ser la de un apoyo conjunto a una misión de investigación por el Consejo de Seguridad para descubrir a los perpetradores. Obama tiene una “línea roja” sobre la utilización de armas químicas; y Jamenei, también.

Sayed Hosein Mousavian, exembajador del Irán y portavoz de los negociadores del Irán sobre el asunto nuclear, es un estudioso e investigador en la Escuela Woodrow Wilson de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Princeton. Su último libro es The Iranian Nuclear Crisis: A memoir (La crisis nuclear iraní: Memoria). © Project Syndicate.

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