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Por qué Uber no pudo haber nacido en Costa Rica

Actualizado el 18 de febrero de 2016 a las 12:00 am

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Por qué Uber no pudo haber nacido en Costa Rica

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Uber es el ejemplo perfecto para demostrar los problemas del ecosistema emprendedor de Costa Rica. No es únicamente la regulación lo que habría impedido desarrollar un sistema similar en el país, sino la cultura.

El modelo de Uber es particularmente intensivo en capital. Toda promoción que lleve a cabo va a necesitar grandes cantidades de dinero. La forma como hace su publicidad es principalmente mediante viajes gratuitos o por métodos para aumentar su cantidad de usuarios, lo cual es lógico pues una vez que el consumidor prueba el servicio, suele enamorarse de este.

¿Por qué una startup en Costa Rica no podría hacer estas campañas? Porque no tendría los fondos necesarios.

No hay datos oficiales disponibles, pero hagamos el ejercicio de cuánto pudo costar una campaña como la del lunes primero de febrero.

Siendo conservadores, supongamos que hubo 70 choferes activos en todo momento, cada uno ganó ¢15.000 durante las ocho horas de promoción. Uber pagó al menos 6,5 millones de colones, restando el 0,75% de comisión. La cifra equivale a unos $13.000. El monto podría ser perfectamente 3 o 10 veces mayor. Sin embargo, el tema de fondo es que difícilmente una startup en Costa Rica tiene el capital para una promoción similar.

No hay datos exactos para el país, pero son muy pocas las empresas que logran atraer capital, y aún menos las que consiguen más de $50.000.

Claro, la magnitud de esta promoción es posible por la demanda y la oferta que Uber ha logrado desde su llegada hace pocos meses.

Las inversiones que han debido hacer para llegar hasta donde están hoy, son mucho mayores a este monto (pagos de ¢40.000 por chofer referido, por ejemplo).

En nuestro país no hay muchas entidades que estén dispuestas a invertir en empresas emergentes, y las que lo hacen no habrían puesto dinero en una idea que, si bien es cierto va a generar ingresos, no tiene una estrategia clara de salida.

Uber, por el contrario, tiene una valuación de más de ¢60 billones.

Además del claro problema del financiamiento, hay otras limitaciones, como las regulaciones y el poder de los grupos establecidos en cada país. Muy pocos emprendedores locales pensarían en enfrentarse directamente con los gremios.

Lograr un cambio de legislación sin muchos recursos sería prácticamente imposible. Uber, con su músculo financiero, puede decir a sus choferes que va a pagarles las multas, amparados en criterios legales que su ejército de abogados puede justificar. Pero un emprendedor no tendría tal apoyo legal, ni la capacidad para pagarlo.

El mismo ecosistema se encargaría de cerrarle las puertas al emprendedor.

En los concursos y programas actuales, señalarían como debilidades estos posibles problemas de regulación. “¿Ir contra los taxistas?, jamás”, “¿montarse en el vehículo de un desconocido?, nadie haría eso en el país”, “ese modelo ya existe en equis cantidad de países”, y así poco a poco, el emprendedor escucharía a los expertos, terminaría por buscar otro modelo de negocio, otra idea totalmente o, en el peor de los casos, decidiría que emprender es muy difícil y se rinde.

Lo que debemos analizar no es por qué no se creó Uber o un servicio similar en Costa Rica, sino qué cambios son necesarios en el ecosistema nacional, para que hacerlo fuera más una posibilidad real y menos una idea poco practica.

No busquemos el Uber o el Facebook tico hoy. Demos pasos, pequeños, si es necesario, hacia un entorno más maduro, que sea capaz de producir empresas existosas.

El autor es emprendedor y administrador.

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