Opinión

Trovador de la esperanza

Actualizado el 28 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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Las páginas de la historia de Cuba se hallan enaltecidas por la música, la poesía y el heroísmo. Un crisol patrio que amalgama y reúne a la cubanía.

El hijo del célebre músico Bobby Carcassés, Robertico, a sus 41 años se ha convertido en leyenda, desde La Habana para el mundo, en apenas una semana. Creativo musical, con grupo propio (Interactivo), desbordó al inflexible catecismo revolucionario.

Concierto (12-09-13) en pro de la libertad de los cinco, supuestos héroes cubanos, presos en Estados Unidos, por espionaje. Escenario: la habanera tribuna antiimperialista frente a la oficina de intereses estadounidenses, edificio de seis plantas construido en 1953 como sede de la Embajada USA, en Calzada, esquina L y M, frente al Malecón.

Retransmisión abierta en cadena televisiva. Consigna nacional. A gozar con los salseros del grupo de Carcassés. Y sonaron las alarmas. Los cubanos boquiabiertos, mudos, sin creer lo que claramente escuchaban y veían, en voz y gestos de Robertico.

Y vaya que ha sido valiente, reflejo mambí, el hijo de Bobby Carcassés… contó y cantó: Quiero,/ acuérdate que siempre quiero,/ libre acceso a la información/ para tener yo/ mi propia opinión./ Elegir al presidente/ por voto directo/ y no por otra vía./ Que se acabe el bloqueo/ y el autobloqueo,/ por favor./ Ni militantes ni disidentes,/ todos cubanos / con los mismos derechos./ Quiero,/ acuérdate que siempre quiero…

Reguero de pólvora. Ningún CDR pudo detener la explosión que multiplicó Radio Bemba, al mejor estilo criollo. La Isla en alerta: “¿Qué ocurrirá con Robertico?” ¿Desafío, ingenuidad o cosa m´a grande, chico, recordando al intrépido Tres Patines ?

Un día después, los disciplinados fieles al PCC, en cargos del Ministerio de Cultura, llamaron a cuentas a Robertico. Había cruzado la línea roja. Sería castigado. Lo menos de la reprimenda fue culparlo de traidor contrarrevolucionario. Eliminado de los programas musicales y cívicos. Al ostracismo. A vivir como puedas. La puerta se cerró y golpeó sobre sus narices.

Pero no todo está perdido para un nuevo amanecer cubano. El mimado del régimen, exdiputado del poder popular, cantautor famoso, juglar de la nomenklatura , el mismísimo Silvio Rodríguez, salió al paso ofreciendo lugar a su lado, en los próximos conciertos, al Interactivo de Robertico.

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Frente a reto tan franco, urbi et orbi, la jefatura del Ministerio de Cultura cedió. Que Robertico no lo vuelva a hacer, perdonado. La tesis convincente de Silvio aludió como ejemplo al propio Raúl Castro, que pregona cambios en todos los órdenes del devenir antillano y, ante el primer pequeño brote verde de libertad, los más papistas que el Papa impiden a un trovador cantarle a la ilusión.

Porque todo es complicado allí. Para cada solución tenemos un problema”, afirma el premiado escritor criollo Leonardo Padura, desplazado a Madrid para estrenar el pasaporte español, doble nacionalidad, y asistir a la publicación de su última novela: Herejes.

Detener la Primavera. Robertico no está solo. La necesidad de un cambio democrático gana terreno en diferentes sectores de la sociedad cubana, incluso entre quienes disimuladamente fueron sostén, durante medio siglo, de los disparates del poder.

La Conferencia de Obispos Católicos acaba de abogar públicamente por las reformas políticas en una carta pastoral de 43 puntos distribuida por todas las parroquias de la Isla, en un Estado-Partido oficialmente ateo, presión que vació las iglesias, eco del temor al fanatismo revolucionario.

“La esperanza no defrauda”, título del documento de la jerarquía católica, sale al paso de las consecuencias próximas del país cuando la naturaleza cumpla el obligado relevo de la vida y los Castro pasen al museo de los recuerdos. Mientras los hermanos existan, los caminos no se despejarán para la vigente orfandad. Burócratas arbitrarios en una nación regida más por el capricho que por la fuerza de la ley. Los ciudadanos de a pie acuden a la Iglesia buscando amparo a su desamparo.

El poder mantiene su tarea represiva porque no disimula el temor de que una chispa provoque un polvorín. En el 40 aniversario, que se cumple, de la caída de Salvador Allende, aplicando a la situación actual de Cuba, vale la pena recordar las pragmáticas palabras del político socialista chileno: “Podrán arrancar todas las flores, pero no podrán detener la Primavera”.

El entonces estudiante de ingeniería informática, Eliécer Ávila, interrogó a Ricardo Alarcón, presidente del poder popular, hoy en el ocaso forzado. El actual ingeniero reprochó que Cuba emplea los recursos nacionales en formar profesionales a los que luego echará a la calle para producir absolutamente nada.

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Ávila vive desempleado en Puerto Padre, resolviendo cómo y lo que puede. “La frustración es muy mala, pero mucho peor es perseverar en un proyecto revolucionario condenado al fracaso”, dice. El mayor Rogelio, jefe de policía de Las Tunas, ya le mandó un recado, vía familiar: “Dile a Eliécer que ande al hilo, que lo estamos observando”.

La inteligente bloguera Yoani Sánchez, con 317.000 seguidores en Twitter, expresión universal de la disidencia isleña, confiesa que se levanta todos los días tratando de vivir, aunque será interiormente, el poscastrismo. “Trato –afirma– de ver una Cuba donde él (Fidel) ya no está”.

Robertico Carcassés cantaba a favor de la libertad de cinco cubanos pertenecientes a la Red Avispa de espionaje cubano en Estados Unidos, arrestados en setiembre de 1998. Pero el quid de la cuestión es que la organización estaba formada por diecisiete miembros, no cinco, como La Habana pretende hacer creer. La más importante de la red era Ana Belén Montes, portorriqueña, que trabajaba en la cúpula del Pentágono.

De acuerdo con la jurisprudencia norteamericana, quienes colaboren con la Justicia reciben la gracia de acortar condena. Doce confesaron el pecado. Cinco espías se mantuvieron en silencio, encarcelados, solidarios con la causa… fidelista. El régimen de los hermanos propicia, insiste en homenajes locales y mundiales, hasta donde la izquierda internacional es ciega, a los fieles al Comandante. Desprecia, olvida, a los in fraganti servidores apresados.

Lo dijo José Martí: “La felicidad general de un pueblo descansa en la independencia individual de sus habitantes”.

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