Opinión

Trocito amazónico en peligro

Actualizado el 28 de octubre de 2008 a las 12:00 am

 En la península de Osa las políticas de inversión extranjera están mal enfocadas

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Trocito amazónico en peligro

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Alos que hemos estudiado los bosques de la península de Osa y sus alrededores, nos ha sorprendido su prodigiosa biodiversidad. No en vano sus suelos pobres albergan más de 3.000 especies de plantas, 700 de las cuales son árboles. Osa es una de las últimas fronteras costarricenses aún en estado bastante prístino, donde tienen su nicho muchas especies de árboles, algunas cuyo origen de distribución es el Amazonas en Suramérica.

Muchos incluso están en grave peligro de extinción como el ajo, el nazareno, el areno, el quira, el tamarindón, el cristóbal y el jicarrillo, entre otros. Esta región es considerada uno de los sitios con mayor endemismo en nuestro país, y por esto ha legado en las dos últimas décadas gran cantidad de especies nuevas para la ciencia.

Sitio paradisíaco. Conocer esta zona es remontarse a un paraíso surcado por el verde de sus bosques y el azul del golfo Dulce; es, sin duda, uno de los sitios más hermosos de Costa Rica, otrora, no hace muchos años, casi inaccesible. Quizá por esto sobrevivió, a pesar de que el mismo Estado costarricense fue permisivo con el sector forestal del país al darle la posibilidad mediante los “planes de manejo forestal” de cortar cientos de árboles (más de 24.000) entre los años 1997-1999, lo cual puso en peligro la zona y desprestigió el trabajo del sector forestal.

Hoy, en el año 2008, una gran amenaza teñida con billetes verdes ensucia el paisaje y desangra los cerros, los bosques y los humedales. Ahora son los bienes raíces y el desastre inmobiliario sin ninguna planificación que se suma a lo que lamentablemente acontece en toda la costa pacífica, desde Guanacaste pasando por el Pacífico central, hasta tocar nuestro trocito amazónico, cuyos bosques ceden ante las construcciones y proyectos turísticos que, con permiso o sin él, avanzan todos los días. Los municipios de la zona y la Setena son en parte responsables de esta situación, aunque no quieran reconocerlo.

Ante lo que parece ser una gran anarquía, la prensa nos ha dado cuenta del trabajo del Tribunal Ambiental Administrativo, que ha cerrado proyectos de infraestructura sin permiso, o porque han afectado el suelo con los movimientos de tierras, talado los bosques, construido carreteras que zigzaguean sobre los cerros, contaminado los ríos y el mar, y atentado contra la diversidad faunística.

El reportaje de La Nación del domingo 19 de octubre con el título “Construcciones arrasan bosques y fauna en Osa” es una realidad contundente y espeluznante, y refleja también la apatía del Gobierno de la República.

Doble discurso. Existen muchas dudas sobre las intenciones de nuestro Gobierno y del ICT sobre la forma en que venden nuestra imagen verde y ambientalista en el extranjero. Al doble discurso gubernamental matizado con la publicitada “Paz con la Naturaleza” se han sumado varios decretos ejecutivos trasnochados que atentan contra nuestros recursos naturales. Ahora lamentablemente se suman la desidia y el desinterés, pues tal parece que lo que vale son los megaproyectos, así estos atenten contra nuestro ambiente. Adiós “in dubio pro natura”.

Por sus condiciones, la península de Osa tiene que seguir como ha estado hasta nuestros días: verde, salvaje, libre de construcciones y palacios, libre de intereses económicos que juegan con su biodiversidad para favorecer la inversión extranjera, que no solo construye, sino que compra nuestras tierras a precios ridículos. Sin duda en la península de Osa estas políticas están mal enfocadas. Llegó el momento de que se decrete una moratoria a este subdesarrollo inmobiliario antes de que sea demasiado tarde.

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