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Transporte es la clave para la carbono neutralidad

Actualizado el 02 de mayo de 2016 a las 12:00 am

Ciudadanos y Gobierno deberían encontrar una solución urgente al uso de vehículos

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Transporte es la clave para la carbono neutralidad

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“Costa Rica es un país milagroso”, dijo la secretaria de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Christiana Figueres, en su conferencia “Cambio climático y bienestar nacional”, que tuvo lugar en el Consejo Nacional de Rectores el pasado 1.° de abril.

Por supuesto, como ella misma lo indicó, para esta frase aplica una excepción importante: el sector transporte.

Vivimos en un país donde las políticas y sistemas de transporte de las últimas décadas nos han llevado a la saturación de las carreteras, principalmente en la Gran Área Metropolitana. Nuestro anhelo como ciudadanos de vivir en un país bajo en emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) se ve empañado por el aumento proveniente del sector transporte.

Y no es para menos, el crecimiento ha sido incontrolable, incluso mayor a indicadores claves del país. Por ejemplo, en el período 1990-2012 la población creció un 52%, mientras que el producto interno bruto lo hizo en un 170% aproximadamente, pero las emisiones del transporte se triplicaron; es decir, el incremento fue mayor al 200%. Pasó de 1,62 millones a 4,96 millones de toneladas de CO2 equivalente (CO2 e).

Sistema obsoleto. ¿A qué se debe este incremento? ¿Quiénes son los responsables? Pues, como indiqué, la principal causa es el sistema de transporte desgastado, obsoleto y que no ha sufrido mayores modificaciones en décadas, que causa que los ciudadanos tomemos la decisión más fácil pero ambientalmente peor: adquirir un vehículo.

Del total de las emisiones producidas por consumo de combustibles fósiles en el país, el transporte representaba el 57% en 1994. Esta proporción aumentó hasta el 68% en el 2012.

Si analizamos cuánto de estas emisiones corresponden a transporte particular o privado, se observa cómo este subsector creció un 118%; el transporte público, un 60%; y la carga y equipo especial, un 79%.

Más evidente es el crecimiento de las emisiones por automóviles. Este subsector producía menos gases de efecto invernadero en 1994 (1.067 millones de toneladas de CO2 e) que el subsector de carga y equipo especial (1,12 millones), lo que cambia totalmente en el último inventario: 2,33 y 2,01 millones de toneladas de CO2 e respectivamente. Pero estos datos son del 2012.

Datos recientes. ¿Qué ha pasado en los últimos tres años con las emisiones? Aún no hay datos oficiales al respecto; sin embargo, las primeras estimaciones preliminares indican que el crecimiento de las emisiones de CO2 generadas por el parque automotor nacional continúa.

Este crecimiento fue, según estos cálculos, del 1,3% del 2012 al 2013; un 2,2% del 2013 al 2014; y el dato más preocupante, de un 6,7%, o aproximadamente 350.000 toneladas de CO2 e más en el 2015 que en el 2014.

Este incremento inusual concuerda con la disminución en los precios de los combustibles, lo que se tradujo en un aumento en el consumo. Esto nos hace pensar que no somos conscientes de la urgencia de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y, todo lo contrario, priorizamos el tema económico.

Se espera que para el 2016, con los precios de los combustibles bajando, se dispare el uso de vehículos y, de hecho, esto se vea representado en el aumento en la compra de estos, lo que al final se traduce en más congestión vial y mayor liberación de gases a la atmósfera.

Medidas. Por lo anterior, es importante que tanto las empresas públicas y privadas como los ciudadanos nos involucremos en buscar una solución urgente a este problema mediante propuestas, como lo es la construcción de ciclovías, el apoyo al Programa de Adquisición de Vehículos Eficientes del Minae o la propuesta del tren eléctrico interurbano y otros medios de transporte, como por ejemplo las bicicletas.

Con esto ayudaremos a disminuir las emisiones y lograremos, además, mejorar nuestra calidad de vida. Pero lo más importante es garantizar un buen vivir a las generaciones futuras.

El autor es ingeniero químico en el Departamento de Climatología e Investigaciones Aplicadas del Instituto Meteorológico Nacional.

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