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Tiempos de hipocresía

Actualizado el 24 de abril de 2013 a las 12:00 am

El legado populista de Chávez se hizo burbuja en un mes

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Tiempos de hipocresía - 1
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Tiempos de hipocresía - 1

En medio del tremendo sumani popular que hoy perturba esencia y existencia de Zapote, hubo un rayo de luz que iluminó el tradicional espíritu democrático de Costa Rica: doña Laura no asistió a la comedia de Caracas para legitimar a un mandatario mediocre surgido del susurro de unos pajaritos.

En la duda abstente, consejo de nuestros abuelos que reforzó el discurrir acertado del poder costarricense. Tan chavetizadas están las estructuras institucionales del país, rey petrolero, que no importa reiterar contradicciones, presumiendo de gestión. Ya no interesa guardar apariencias, ordenar el juego de las declaraciones, cada quien camina por su lado inspirados en la bendición ultra terrena del líder sacrosanto: Hugo Chávez Frías, que Dios mantenga en gloria.

Estrecho margen de supuesta victoria. Un líder fue Chaves, e insípido sucedáneo es Maduro. El Consejo Nacional de Elecciones proclama la continuidad chavista. La presidenta del Tribunal Supremo afirma imposible el recuento solicitado por ser conteo electrónico. Borrado.

Cita, carreras y presiones de Unasur en Lima y el mandatario “express” se compromete a la auditoría ¿Se puede, o no, revisar los votos? Claro que se puede... si se quiere. El heredero bolivariano que en Caracas, primera instancia, dijo que se aceptaba el reconteo, después –aconsejado por los asesores cubanos– marcha atrás, negó tal posibilidad. Pero Maduro, en la capital de Perú, dio su brazo a torcer: afirmativa auditoría.

¿Cómo es que se aprueba el requisito de la confirmación del sufragio e inmediatamente se escenifica la toma de posesión llevando como testigos, entre otros proclives chavistas, a los mismos que exigieron el recuento? Sainete probado de incoherencias. Mucho saltimbanqui haciendo coro.

Gran apuro venezolano –estilo clásico del mentor cubano– por tapar las huellas del desastre electoral chavista confundiendo a la opinión nacional y a los ojos del mundo. El poder nunca debe entregarse, deja estampado Fidel. Los alumnos fieles al profesor.

Y, pese al compromiso de Lima y a los recelos, hipócritas, de otros testigos de la consagración fraudulenta de Maduro, el CNE vuelve, en los días que siguen, a señalar que los resultados son irreversibles. En la legalidad, no se puede ser y no ser al mismo tiempo. Solo bajo el patrón chavista...

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Maduro, seguro, nombra y amplía gabinete. Las auditorías no serán tomadas en cuenta. Venezuela es un desastre, gestión chavista. Crisis macroeconómica, delincuencia en grado elevado, sin par en el planeta. 18% de déficit fiscal. Devaluación del 45%. Los apagones eléctricos sin solución próxima. El mercado petrolero en declive. El legado populista de Chávez se hizo burbuja en un mes.

Todos los enredos que soporta Venezuela hallarán pronto un culpable reconocido, según el manual del perfecto gobernante que elaboró La Habana.

“Búscate un enemigo externo en nombre del cual aplastar a la oposición interna”, capítulo tercero de la cartilla político/práctica del aprendiz a dictador. Fijo, el imperio será el monstruo repetido cuya supuesta sombra se esconde en cada rincón de la patria de Bolívar para adueñarse de las riquezas del subsuelo. Paradoja: EUA adquiere el 80% de la producción. El mejor cliente.

El efectivo manual guarda muchas perlas: Promete mucho pero sobre todo castigar a los ricos. Proclama: tus intenciones siempre han sido buenas. Son los otros los que impiden llevarlas a efecto. La función de los discursos es explicar por qué los que reciben los golpes se los merecen, porque no son pueblo. Por supuesto que detestas la violencia. Son los otros los que no te han dejado otra opción.

Todo lo anterior con aderezo semántico, tal como aprendió Hugo Chávez en la escuela de Jaimanitas, frente a la entrada del habanero Club Náutico. Palabras altisonantes: gusanos, escuálidos, pitiyanquis, escoria, majunches, oligarcas o traidores... Vocabulario, desde luego, para templar gaitas obsesivas, permanentes.

El ingenioso y genial Francisco de Quevedo sentenció hace 450 años la figura coral que acompañó, cual escolanía, a los refrendatarios que aplaudieron el espectáculo chavista de asumir los poderes hasta 2019.

Dijo el satírico poeta: La hipocresía exterior, siendo pecado en lo moral, es grande virtud política.

¿Qué mayor “virtud”, hipócrita americana, que la flamante Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) sea presidida por la relevante personalidad democrática de Raúl Castro Ruz? Don Pepe, ¡no nos abandone!

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