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Tiempos de cambio

Actualizado el 24 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

La petición de anulación del matrimonio se dio con una rapidez que contrasta con otros casos

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Bajo ninguna circunstancia podría imaginar que un artículo sobre el Holocausto genere como respuesta de Ángela Merkel una nota informando de los logros de la Alemania actual. Los horrores de la historia generan un alto precio a las personas. Sus víctimas se recuerdan, justamente, para pedir que no suceda nunca más.

Lejos de ofrecer disculpas a quienes han sido víctimas de los largos plazos para actuar en la corrección de errores que les han afectado, el oficial mayor del Registro Civil, Luis Chinchilla ( La Nación, 20/11/15), señala que “hace tres meses se incorporó una nueva planilla directiva al Registro Civil y, con ella, un cambio de lógica en la gestión de esta entidad que trabaja para los costarricenses. No en vano, se han acelerado diversos procesos como, por ejemplo, la obtención de la cédula de identidad en unas horas. Antes se tardaba de 3 a 7 días”. Tal argumento es una burla a las víctimas y una ofensa a la inteligencia.

Albertina Zúñiga Fernández, indígena cabécar, a sus 62 años no tenía cédula de identidad y no había podido inscribirse como madre de sus hijos porque aparecía como hombre en el Registro Civil, y los muchos esfuerzos por corregirlo fueron infructuosos hasta que una queja ante la Defensoría de los Habitantes y la divulgación del hecho en La Nación impulsaron el esperado cambio. Ella nunca antes pudo ejercer sus derechos civiles y políticos.

En el reportaje publicado, su hija contó que le pidieron hasta examen médico para comprobar su sexo. Todo por un error del funcionario del Registro que digitó sus datos. ( La Nación 4/9/06); idéntico al caso de Jazmín.

En resumen, la persona solicitó la corrección, el caso tomó décadas para resolverse y fueron necesarios exámenes médicos para verificar el sexo.

La inscripción de Jazmín como hombre también obedeció a un error registral. Pero le bastó con contar que era mujer para que, de oficio, creyendo en su palabra y sin pedirle el examen médico, se corrigiera el sexo registrado en menos de una semana: La Nación informó el 4 de noviembre que Jazmín se había casado con Laura por un error en el que su cédula indica que es varón; el 9 de noviembre, el director del Registro informó a La Nación que ese mismo día se había hecho la corrección en la inscripción de Jazmín con el sexo correcto.

Si lo vemos en perspectiva, resolver el caso tomó dos días hábiles; sin exámenes médicos y sin que la persona hubiese ido a solicitar la corrección.

En cuanto a inscripciones matrimoniales, Kattia Obaldía, y al menos 31 personas más, aparecieron casadas en el Registro Civil con personas que no conocían. Cuando La Nación publicó un reportaje, ella llevaba “siete años de casada” ( La Nación , 9/8/13). Si bien no hubo error directo del Registro, pues un notario presentó la inscripción del matrimonio, es evidente la lentitud para corregir los casos.

Preguntas básicas: ¿Cuánto tardó en pedirse la anulación del matrimonio luego de conocer los hechos? ¿Dos días?

Inusitada diligencia. Sobre el matrimonio de Laura y Jazmín, escribí en mi anterior artículo solamente una línea: “es una burla al Registro Civil, que en esta ocasión se apuró a actuar con inusitada diligencia”. Cambiarle el sexo de oficio a Jazmín en dos días es una acción tomada en un plazo que no concuerda con los “usuales”.

La petición de la anulación del matrimonio se dio con una rapidez que contrasta con los casos anteriores. ¿Cómo no hablar entonces de “inusitada diligencia”? Esperemos que lleve razón el oficial mayor y, en el futuro, todos los “dedazos” sean tramitados y resueltos con estos parámetros de eficiencia.

No me referí a otros aspectos que menciona el oficial mayor, pero dadas las circunstancias, conviene comentar lo siguiente: escribe Chinchilla que la “institución no acusa no persigue y no discrimina a los ciudadanos”.

Días antes, su jefe, el director del Registro Civil, Luis Bolaños, declaró a La Nación que se envió una denuncia al Ministerio Público contra Laura y Jazmín ( La Nación , 10/11/15) pues se les acusa de haber violado el artículo 176 del Código Penal.

Derechos humanos. Sobre el fondo, las páginas de La Nación han servido para un valioso y enriquecedor debate entre quienes sostienen que la ley, por el solo hecho de serla, se ha de cumplir al pie de la letra, y quienes argumentan que, cuando es injusta, debe ser violada para generar cambios que de otra forma irían muy lentos o quizás del todo no se darían.

Las acciones emprendidas contra Laura y Jazmín y su matrimonio tendrán repercusiones en el reconocimiento de los derechos de las personas homosexuales y lesbianas, derechos que hoy son violados por no contar ellos con iguales oportunidades para contraer matrimonio y adoptar hijos como pareja.

Estamos viviendo tiempos de cambio. Las acciones y omisiones del Registro Civil nos colocan como observadores de primera fila ante acontecimientos que podrían ampliar los derechos humanos de quienes solo por su preferencia sexual no pueden hoy ejercer en forma libre y autónoma su decisión de casarse (o no hacerlo). Como ciudadanos de segunda clase, están condenados a vivir en unión libre sin reconocimiento civil.

El matrimonio civil igualitario es un asunto de Estado, y toda discriminación es contraria a la dignidad humana, pues se trata de un derecho que cada persona ejerce libremente según sus convicciones y en pleno uso de su libertad.

Dicho sea de paso, el sacramentro del matrimonio es un asunto de religión y le compete exclusivamente a la Iglesia católica, igual que es de su resorte decidir quién comulga o no, cuáles oficios son de precepto o las condiciones para ordenarse como sacerdote.

La autora es odontóloga.

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