Opinión

Televisión digital y democracia

Actualizado el 20 de junio de 2017 a las 10:00 pm

Al digitalizar, los canales podrán ser utilizados de forma continua y en todo el territorio nacional

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La digitalización es un tema que, dependiendo de como se explique, puede resultar harto complejo o harto sencillo. Cuando estábamos en la escuela, nos decían que había elementos básicos de la comunicación. Pensemos en tres: emisor, receptor y canal.

El emisor es, digamos, Repretel, el receptor es el televisor de antena de nuestra casa y el canal es el espectro radioeléctrico o medio inmaterial por el cual viajan las ondas de radio. Este último, según la Constitución, es de dominio público y administrado por el Estado.

Ahora bien, la televisión viejita (analógica) lo que hacía era convertir audio y video en señales de radio que viajaban por el espectro desde el emisor hasta el receptor. Entonces, al ser el canal un bien de dominio público, las empresas deben obtener un permiso del Estado para usar el espectro radioeléctrico en esa frecuencia.

Es lo mismo para los operadores de telefonía móvil como el ICE o Movistar. Lo que pasa con la digitalización de la televisión es que el audio y el video no van a ser señales de radio, sino datos informáticos: unos y ceros que viajan por el espectro, del transmisor al receptor, que continúa siendo un televisor (ahora moderno) y lo reconvierte en audio y video en nuestras casas.

Limitaciones y ventajas. La televisión analógica utilizaba seis megahercios (6 MHz) del espectro para transmitir una señal de más o menos 280 megapíxeles (calidad de video un poco menor a un CD); además, esta televisión tenía limitaciones en el sentido de no poder usar bandas de 6 MHz seguidas. Por eso se usaban los canales pares o impares (salvo el 6 y 7 que en el medio tienen un espacio reservado del espectro) y aquí no había canales 3, 5, 8, 10, 12 o 14. Esos canales sobrantes se utilizaban para repetir la señal más allá del Valle Central, en las zonas rurales.

En cambio, la televisión digital tiene dos ventajas. La primera es que, al digitalizarse la señal, en los mismos 6 MHz se podrán transmitir cuatro señales de televisión estándar (256 pixeles). Incluso un operador podría transmitir en full HD (1080 pixeles, calidad DVD) y liberar una señal más.

Pero, además, al digitalizar, se hace posible que los canales se utilicen de forma continua y en todo el territorio nacional. Por ende, ya no son necesarias las repetidoras, y estas podrían quedar disponibles. Es decir, en los tradicionales canales del 1 al 15 ahora vamos a tener como 60 canales.

En espera. Estos espacios del espectro liberados son clave para dar canales televisivos a instituciones y asociaciones que hacen fila para tener un espacio en la televisión (MEP, INA, UNED, municipalidades, organizaciones de jóvenes, deportistas, mujeres e indígenas, entre otras).

En el Frente Amplio creemos que un país con más voces es un país más democrático. Sin embargo, las empresas comerciales más grandes (Repretel, Enlace Cristiano y Teletica), aliadas con el Micitt, buscan concentrar esos 60 canales y el gobierno del PAC se está volviendo cómplice de ello.

Urgen iniciativas legales, legislativas y políticas para presionar al gobierno a fin de que haga uso de lo que en derecho se llama potestad de imperio, comprendido en el artículo 66 de la Ley General de Administración Pública.

Amparados en esa potestad, podrían, con base en el avance tecnológico frente al que nos encontramos, renegociar las concesiones y democratizar el uso del espectro radioeléctrico que permite la televisión digital.

Insisto: un país con más voces es un país más democrático. Por ende, todos los sectores democráticos deben sumarse a esta lucha por que la televisión digital refleje una amplia puralidad de actores.

El autor es diputado del Frente Amplio.

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