Opinión

Tecnología para la casa de cristal

Actualizado el 24 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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El discurso de toma de posesión de don Luis Guillermo Solís es uno de los más alentadores que hemos escuchado los costarricenses en este siglo y en muchos años. Como ya dicen algunos, si gobierna como se expresa, hay muy buenos augurios para su gestión.

Del discurso me interesa destacar su deseo de mantener un diálogo fecundo basado en la transparencia: que el Gobierno sea como una gran “casa de cristal”, afirmó. Eso es, probablemente, lo que más necesita este país porque, sobre la base de la transparencia, todo lo demás viene por añadidura: se facilitan los acuerdos entre gobernantes y gobernados, se limpian los procesos de contratación pública para construir los mejores puertos, puentes y carreteras e implementar el transporte limpio, y se puede recolectar eficientemente los impuestos, reducir las listas de espera en los hospitales, avanzar en educación, mitigar la desigualdad, disminuir la pobreza, y, en general, invertir los recursos de forma adecuada y oportuna.

Transparencia y visibilidad. Hay que tener claro que transparencia no es lo mismo que visibilidad. Esta, en exceso, puede resultar contraproducente y, más bien, incentivar el secretismo para evadir el exceso de exposición pública. Para gobernar bien, la prudencia impone privacidad y discreción en ciertos momentos y situaciones, sin que se menoscaben la transparencia y la rendición de cuentas. Estoy segura de que don Luis Guillermo lo sabe, y es importante que los ciudadanos también comprendamos esa distinción para que seamos agentes coadyuvantes y no socavemos la buena gobernanza. Eso, claro está, no significa complacencia con la opacidad ni con la corrupción.

Entonces, ¿de qué se trata exactamente la transparencia en el Gobierno? Es el equivalente al juego limpio. Consiste en actuar con apego a las leyes, con constante y rigurosa rendición de cuentas por parte del conjunto de funcionarios que conforman el Gobierno, sobre cada acción que ejecutan y, muy especialmente, sobre el manejo de los recursos públicos. Es dar acceso fácil y amplio a toda la información relevante para la opinión pública; es explicar y aclarar, hasta donde sea necesario y satisfactorio, todas las decisiones de gobierno. Es también consultar al pueblo cuando sea necesario o justo y cumplir lo que ese pueblo soberano decide.

Juego limpio. El juego limpio es, por supuesto, obligación de todos los Gobiernos. Y sus beneficios son obvios. Uno de los más importantes, y a la vez estratégicos, es la confianza que resulta de una administración transparente. Cuando los ciudadanos pueden confiar en gobernantes, jueces, legisladores y funcionarios públicos, la democracia se afianza y se robustece. Sobre esa base, cualquier meta es más factible.

En su discurso, el presidente mencionó el aprovechamiento de los recursos tecnológicos para promover la eficiencia del aparato estatal y la transparencia de los procesos decisorios. Ciertamente, la tecnología es imprescindible y determinante. Ya no son los recursos naturales ni el capital lo que diferencia a los países ricos de los pobres, a los desarrollados de los subdesarrollados; es la tecnología: esta define no solo la riqueza, sino, sobre todo, el poder. Tal vez por eso es que algunos filósofos contemporáneos afirman que las élites gobernantes temen que la tecnología se difunda demasiado, pues podría debilitar su poder y fortalecer, más bien, el de la sociedad.

Roberto Sasso, el experto nacional en tecnología de la información, hace pocos días expuso en esta misma página el deterioro que ha sufrido la Internet costarricense en relación con el resto del planeta. Varias veces, don Roberto nos ha advertido de los efectos negativos en competitividad y crecimiento que implica el rezago de Costa Rica en ese campo. Me permito agregar que ese rezago también perjudica la comunicación entre la Administración Pública y los ciudadanos, y, por ende, la transparencia. El buen aprovechamiento de las TIC simplifica procesos y reduce significativamente la corrupción.

Temor de las élites. Volviendo al argumento del temor de las élites al uso generalizado de la tecnología, está claro que a algunos personajes y funcionarios corruptos no les conviene esa difusión, pues se les acabaría el negocio.

Pero el factor corrupción es solo una parte de lo que cambia con el uso de las TIC. Otro, igual de importante, es la gobernanza (eficacia y buena dirección de la gestión gubernamental).

¿Imaginan que todos los ciudadanos del país tuviéramos, primero, acceso a Internet de banda ancha; segundo, acceso a un portal virtual en el que pudiéramos comunicar nuestras principales necesidades a quienes definen las políticas públicas y a quienes hacen las leyes; tercero, que la misma plataforma clasifique todos los insumos ciudadanos por temas y tendencias para que los gobernantes, tecnócratas y legisladores pudieran construir las políticas y las leyes a la medida de esas necesidades, y no mediante ocurrencias, desconectadas a veces de la realidad?

Ese tipo de plataformas de transparencia ya existen en otros países. Facilitan la comunicación entre ciudadanos y gobernantes, dan claridad y agilidad a los procesos de negociación y de decisión, permiten un uso adecuado y racional de los recursos públicos, fortalecen la representatividad y reducen la agitación social. No tenemos que inventar la rueda para tener lo mismo en Costa Rica, solo se requieren voluntad y esfuerzo. Algunos ciudadanos, desde diversas trincheras, ya estamos trabajando para que eso sea posible. Es decir, los planos de la casa de cristal ya empezaron a elaborarse y nos complace mucho saber que en la Administración Solís no se le tiene miedo a la difusión de la tecnología, que fomentará la transparencia y la auditoría ciudadana sobre la gestión pública.

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