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El TPP es un acuerdo comercial saludable

Actualizado el 14 de mayo de 2013 a las 12:00 am

El libre comercioha demostradomejorar la saludde la humanidad

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Esta semana, negociadores comerciales se encontrarán en Lima para definir las últimas etapas del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés). Este tratado de libre comercio –que incluye a Estados Unidos, Canadá, Australia, algunas naciones de Asia, además de Chile, México y Perú– puede ser el más importante que se firme desde el fracaso de las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2008. La presidenta Laura Chinchilla ha manifestado su interés en incorporar a Costa Rica cuanto antes a las negociaciones del TPP.

Pese al potencial económico del TPP, muchas ONG locales e internacionales se oponen tenazmente ya que temen que países de ingresos medios como Perú, México, Chile y eventualmente Costa Rica se vean obligados a aceptar reglas más estrictas en materia de propiedad intelectual. Esto debilitaría la capacidad de los sistemas de salud locales para producir fármacos genéricos baratos, restringiendo o negando el acceso a medicamentos esenciales de los enfermos.

Esto, sin embargo, no es cierto. Primero, la mayoría de los medicamentos recetados por los médicos en la región no está sujeta a patentes, incluso aquellos para problemas crecientes como enfermedades cardiovasculares o respiratorias crónicas. Por lo tanto, están fuera del alcance del TPP. Además, un 99% de los 300 fármacos en la Lista de Medicamentos Esenciales no están protegidos por patentes, y los médicos de cabecera prescriben en forma rutinaria solo 50 medicamentos de dicha lista, según la OMS.

Segundo, Estados Unidos –el país negociador de mayor peso– ha declarado que el TPP respetará las excepciones acordadas bajo la OMC que permiten a los países ignorar las normas internacionales de propiedad intelectual bajo ciertas circunstancias, incluyendo emergencias sanitarias. Esto significa que no serán afectados los fármacos genéricos que se utilizan en exitosos programas gubernamentales contra el sida en Perú o México.

Tercero, los aspectos de propiedad intelectual que han atraído mayores críticas de las ONG, como las posibles extensiones del periodo en que los laboratorios pueden retener legalmente los resultados de ensayos clínicos necesarios para crear copias, se relacionan con drogas biotecnológicas nuevas y muy específicas.

De hecho, es más probable que el TPP reduzca el costo de los medicamentos. Los negociadores están buscando incluir compromisos para remover impuestos locales y aranceles de importación tanto en los medicamentos patentados como en los genéricos. Estos impuestos regresivos pueden aumentar significativamente los precios: Chile impone una tasa del 19% de IVA sobre medicamentos, por ejemplo, mientras que los aranceles de importación en México suman un 10% al costo total.

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Pese a la retórica de las ONG, la realidad es que lejos de ser un instrumento opresivo de los intereses corporativos, el libre comercio ha demostrado ser una de las fuerzas más poderosas para mejorar la salud de la humanidad.

Chile es un ejemplo. Desde 1974 ha abierto unilateralmente sus fronteras al comercio, reduciendo aranceles, removiendo controles de cambio, limitando las restricciones a la libre movilidad del capital. Conforme Chile abría sus fronteras, mejoraba la expectativa de vida de sus habitantes, quienes eran más prósperos y por ende tenían más recursos disponibles para el cuidado de la salud, una mejor nutrición y nuevas tecnologías médicas.

En 1960, la expectativa de vida en Chile era solamente 57 años, menor que en Venezuela, Paraguay y Argentina (65 años). En 2012, luego de tres décadas de libre comercio, alcanzó los 79 años, la más alta en América con excepción de Canadá y Estados Unidos. A contramano de las advertencias de las ONG, la salud ha mejorado pese a que Chile ha firmado una docena de tratados de libre comercio desde los años noventa.

Sin duda algo de esto es atribuible a inversiones públicas en salud, pero no puede negarse el papel que ha cumplido el crecimiento económico –en buena medida resultado de la apertura comercial- en esta historia de éxito.

En definitiva, la verdadera historia de la salud y el TPP es el crecimiento económico, no la propiedad intelectual. Una conclusión exitosa de estas negociaciones vería eliminados los aranceles en decenas de productos, desde arroz hasta autos, brindando nuevas oportunidades para que México, Perú, Chile y ojala pronto Costa Rica se integren más a la economía global. Mayores inversiones y empleos elevarán los niveles de vida y crearán más recursos para gastar en salud.

Si realmente están interesadas en mejorar la salud, las ONG deberían apoyar el TPP.

Martín Krause es profesor de economía de la Universidad de Buenos Aires en Argentina.

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