Opinión

Sumergirnos en el espacio cultural iberoamericano

Actualizado el 20 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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Sumergirnos en el espacio cultural iberoamericano

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Costa Rica siempre ha sido un país entusiasta y activo miembro del gran espacio cultural iberoamericano, el cual, además de grande, es profundo. Por eso, en los últimos cuatro años hemos fortalecido las diferentes iniciativas que nos sumergen y conectan en el conocimiento de lo propio, como las diversas plataformas de cooperación internacional, la identidad, el acceso democrático a la cultura y la juventud, que son nuestros cuatro ejes del plan nacional de cultura.

Desconocido. Creemos también que el espacio cultural iberoamericano existe, pero es desconocido incluso para nosotros mismos, y podemos entenderlo desde muchas dimensiones. Podemos ponernos todos a cantar una misma canción, pero desconocemos el repertorio de la Iberoamérica profunda. Tenemos la riqueza de dos idiomas comunes, pero desconocemos la mayoría de las lenguas originarias. En términos generales, reconocemos el tango argentino, el corrido mexicano, el flamenco andaluz o la samba brasileña, pero ellos son solo la punta del iceberg de la verdadera riqueza cultural que se esconde en este enorme territorio. El gran reto hoy es poder sumergirnos en estas dimensiones y no quedarnos en la superficie, y dar el paso delante para dejar de ser una región que no se conoce a sí misma.

Creemos, además, que el espacio iberoamericano existe y está vinculado a las grandes zonas culturales por las cuales han transitado nuestras culturas ancestrales. Así, podemos hablar de grandes regiones culturales inmersas en el espacio iberoamericano, tales como El gran Caribe, la Amazonia, el Chaco, el Altiplano Andino y nuestra Mesoamérica. Todas son una misma zona cultural, pero fragmentada por fronteras políticas.

Nuevo humanismo. Iberoamérica es el espacio ideal para el nuevo humanismo que propicia la Unesco. No solo es el espacio más diverso y rico a nivel cultural, sino que, a su vez, contiene la mayor reserva de agua y de biodiversidad mundial. Por eso, debemos visibilizar y defender esta riqueza común como motor del desarrollo. Es el momento de defender la inversión en cultura y hemos generado herramientas para hacerlo de una forma permanente: las cuentas satélites muestran que la cultura cuenta. La inversión en cultura es una inversión que apuesta por la vida y debe estar por encima del gasto militar y el negocio de muerte que significa. El disfrute de una cultura de paz es también un derecho humano.

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La actividad cultural trasciende las dinámicas institucionales, por lo que surge una alianza natural entre la enorme diversidad de redes, asociaciones, proyectos que fomentan relaciones de colaboración, de confianza, y de conocimiento y aprendizaje.

Es importante, entonces, reconocer quiénes participan de esas relaciones, quiénes juegan el papel de mediadores, a quiénes benefician, dónde están las fortalezas, y dónde los vacíos y las oportunidades. Así construiremos políticas y programas que reconozcan ese tejido cultural que ya existe. Vamos a afinar la visión a la hora de construir estrategias de trabajo, partiendo de la identificación de quiénes están haciendo esos vínculos y fortaleciendo esas alianzas, más que generar nuevas estructuras. El ciberespacio nos está permitiendo generar tantos lazos como sean posibles entre personas que tienen vocaciones comunes, o proyectos hermanos, o agendas de incidencia parecidas.

Existen redes diversas, ciudadanas, creativas, que buscan el reconocimiento de los Estados y los organismos internacionales para su quehacer; buscan construir nuevos modos de hacer política. “Son expresiones comunitarias que privilegian en la cultura los procesos sobre los productos, los colectivos y las personas en la realización de la emoción y la belleza. Es un movimiento continental de arraigo comunitario, local, creciente y convergente que asume las culturas y sus manifestaciones como un bien universal y pilar efectivo del desarrollo humano. Entienden la cultura viva comunitaria como un movimiento integral hacia el cuidado de nuestros bienes comunes, de economía solidaria, de igualdad en la distribución de la riqueza y en la construcción de democracias deliberativas, participativas y comunitarias, y buscan que existan políticas públicas construidas desde la gente” (Conclusiones del Congreso, La Paz).

Agenda de trabajo. Para esto será el próximo Congreso Iberoamericano de Cultura en Costa Rica, para abrir el diálogo con estas iniciativas y, así, ir avanzando en una agenda conjunta de trabajo. Pero, desde ya, acogemos aquí algunas propuestas que surgieron en La Paz, en mayo del 2013.

1. Si las fronteras limitan el intercambio y el goce de todas las riquezas, como autoridades nos deberíamos comprometer, con voluntad política, a realizar todas las acciones que correspondan para lograr un marco legal y un pasaporte cultural – de entrada y salida en cada uno de nuestros territorios– que garantice la libre circulación de bienes y servicios culturales, tradicionales y populares, necesarios para la ejecución de las actividades artísticas y culturales entre nuestros países.

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2. Reconocer como Estados la responsabilidad y necesidad de documentar y generar una cartografía de expresiones culturales y artísticas de nuestros países, a fin de identificar los límites de las diferentes manifestaciones culturales, ancestrales y contemporáneas

3. Analizar cómo unificar esfuerzos que nos permitan potenciar los recursos que existen para alimentar el espacio iberoamericano: No duplicar las iniciativas, sino abrir diálogos y retomar el liderazgo de la cultura en cada uno de nuestros países.

4. Potenciar el acceso al ámbito digital, eliminando las dificultades de acceder a él, de modo que contribuya a compartir esos saberes y experiencias diversas del continente.

Llegó el momento. Para concluir, solo quisiera agregar que desde Costa Rica consideramos que es el momento de sumergirnos con alegría y orgullosos de nuestra propia cultura. Es, también, el momento de Iberoamérica como espacio cultural y tenemos el deber de liderar esta transformación para poder darle a la cultura de nuestros pueblos el lugar que se merece.

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