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Sumergidos en la indiferencia

Actualizado el 09 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

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Sumergidos en la indiferencia

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“La vida es peligrosa, no por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver qué pasa”. Así describe Albert Einstein la razón de grandes males provocados por la indiferencia. Los orígenes son muchos y las consecuencias se resumen en una sola: arrepentimiento por haber dejado pasar la oportunidad de cambiar una historia plagada de descalabros.

Ante las difíciles realidades en las organizaciones, hay dos formas de reaccionar: victimización o protagonismo.

Victimización. Quienes escogen la primera, los que se victimizan, se eximen de cambiar su modo de pensar y optan por atrincherarse en la creencia de que los demás desean afectarles. Para convencerse de su posición, algunos inventan persecuciones, complots en su contra, y se casan con un concierto pleno de insultos, amenazas y acciones represivas contra quienes identifiquen en desacuerdo con su retórica. Su autoestima está en tan bajo nivel que responsabilizan a otros, tanto por lo que les sucede como por rescatarles de su situación.

A veces, quienes se creen víctimas controlan recursos que otros necesitan y, entonces, aprovechan para exigirles lealtad y apego a dogmas e historias carentes de realismo, a cambio de satisfacciones materiales o de privilegios por parte del “club del poder”. Sus espejismos se exageran aún más, si son confrontados con datos, los cuales no desean ni conocer. Así surge el autoritarismo contra los que no son sumisos a sus designios. Donde no hay enemigos, los hacen, y manejan con una gran pericia las técnicas de la persuasión coercitiva, con las que gestan fidelidades casi irracionales, sintiéndose protegidos por lo que podría llamarse una “secta”.

Ser indiferentes a estos personajes y sus consecuencias, sumado a creer que la onda expansiva de sus acciones no nos afectará, nos convierte en sus víctimas. Una empresa puede ser protagonista, incluso, en entornos difíciles, siempre que se prohíba sumergirse en las aguas de los que optan por la pasividad, la sumisión o la renuncia al respeto de sus derechos y principios.

Protagonismo. Quienes deciden ser protagonistas de su propia historia se distinguen por un coraje inclaudicable, una conciencia social superior y un empoderamiento para asumir el rumbo de sus vidas. Nelson Mandela solía decir que esto crea un sabor a libertad. A nivel de países, se inspira un sano orgullo por pertenecer a él. En las empresas, nadie dice que trabaja para ellas, sino que son ellas.

¿De qué vale sumergirse en la indiferencia frente a tanto que merece ser diferente? ¿Para qué esperar a que las circunstancias empeoren para reaccionar? Dichosamente, el ser humano llega al mundo equipado con valores, con una conciencia de lo justo y con anhelos de un entorno mejor para sus hijos.

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