Opinión

Siempre el mirar

Actualizado el 25 de agosto de 2012 a las 12:00 am

Los ojospueden morir,pero noel mirar

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De los ojos, le interesó siempre el mirar, y por el mirar, apreció los objetos, los peces, las aves en los árboles y sus nidos. Todo. Mirando, conoció también la belleza, el sentimiento y el amor emocionado. Y mirando, en una ocasión, se sorprendió con el conocimiento. Entendió y aprendió mirando; por el mirar.

Y frente al espejo, no eran la nariz ni el cabello ni la barbilla lo que le interesaba, sino los ojos, y de los ojos, el mirar, su propio mirar, suyo sin serlo. Y un día, asombrado otra vez frente al espejo, ya no eran sus ojos los que miraba, sino otros, más íntimos, más lejanamente suyos. Ojos que murieron pero que le dejaron la bella costumbre del mirar.

Sucede que el que mira puede morir, y los ojos, mirando, mueren también. Pero el mirar no; queda pendiente en el espacio para siempre porque es la energía espiritual de esa cósmica luz que reflejan los ojos, y más cuando están soñando.

Soñar es visitar regiones extrañas, otros países, nuevos paisajes, y conversar con personas que conocíamos sin haberlas conocido jamás. Así, mirar en los sueños es descubrir que lo que no existe vive palpitando y emocionando y amando, porque todo lo que no es, en el sueño, se convierte en maravillosa realidad.

Tal vez, por ese mirar que no mira, y de esas cosas y cuentos y pasajes, que son sin haberlo sido, podamos comprender alguna vez que la única realidad cierta es la que no fue, pero que continúa siendo por todos los tiempos del mundo.

Y un día, después de tantos ojos que lo miraron y que miró, se fue quedando silenciosamente dormido, ya sin soñar. Y, cuando llegó a la eternidad, ¿sabes qué dijo a los dioses de los ojos?:

–Gracias por haberme otorgado la ilusión de la vida que me acompañó permanentemente, consecuencia del simple mirar, y gracias por los ojos heredados, únicos, de todos, de nadie, que me enseñaron a comprender la verdad revelada, esencia de lo que, existiendo, nunca existió.

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