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Sepamos tomar decisiones

Actualizado el 14 de agosto de 2016 a las 12:00 am

No debemos sustituir lo prioritario por lo secundario y seguir atados a ese mundo

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Los hombres buscan con más frecuencia comidas, bebidas, cigarros, camisas, navajillas de afeitar; y las mujeres, cremas, perfumes, vestidos, zapatos, carteras… Se olvidan de lo prioritario, como salud, sueño, descanso, formación humana, moral y espiritual, ejercicio, deportes, lectura, metas, conversación de persona a persona. Todo esto lo consideran materias optativas y lo dejan para después, para mañana, si queda tiempo, y se olvidan que el tiempo no vuelve, que es irreversible.

Por tanto, resulta grave convertir lo principal, lo prioritario, en optativo, en secundario, sin mayor exigencia de cultivo personal. Por ejemplo, en vez de mantener una conversación de persona a persona, que activa el idioma y revitaliza la inteligencia, preferimos sustituirla por un “teléfono inteligente”.

Este teléfono es útil, y hasta muy útil, pero el mundo digital nos está dejando una enseñanza lamentable: el empobrecimiento del idioma, convertido en un lenguaje abreviado. Llegará el momento de no entendernos con tanta clave.

Riqueza de la vida. Lo verdaderamente humano no es optativo, no es opcional. La vida es muy rica para no profundizar en ella. No debemos sustituir lo prioritario por lo secundario y seguir atado a ese mundo.

Lo conveniente y racional es sustituirlo por lo preeminente. Además, vivir no es enterrar los talentos recibidos, sino ponerlos a producir, lo que conlleva imponerse metas, luchar, trabajar con perfección, comprenderse, ayudarse, ser tolerantes, respetarse mutuamente y muchas cosas más.

Es tanto lo que hemos recibido gratuitamente, comenzando por la vida en todas sus formas, que se hace imperativo corresponder. Un autor expresa así parte de su correspondencia: “Gracias, perdón, ayúdame más”. Así, poco a poco, vamos abriendo el camino olvidado de lo valioso; o si olvidamos lo prioritario, lo preeminente, abrimos el sendero de lo infrahumano; en este caso, lo principal va quedando perdido en el camino de la vida.

En nuestro país, pese al materialismo invasor, recordemos que somos personas únicas, irrepetibles e insustituibles; no somos una masa compradora ni seres de segunda categoría; tampoco seres que vinieron al mundo por azar.

Ese materialismo invasor conduce a perder el más leve cargo de culpabilidad en el comportamiento de la vida diaria, en la conducta. Sepamos tomar decisiones.

No dejemos lo prioritario tirado en el camino.

El autor es abogado.

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