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¿Sentido de inferioridad caribeño o corrupción?

Actualizado el 03 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Rechazo de Ramdin, un daño irreparable para toda la región

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Algo muy extraño está sucediendo en Surinam. Mientras los caribeños tienen fama de ser personas seguras de sí mismas y sus profesionales brillan en diferentes países y organizaciones internacionales, el gobierno de Surinam parece súbitamente empeñado en enviar al mundo la señal opuesta. Ha anunciado que no apoyaría la potencial candidatura de su exitoso embajador Albert Ramdin, actualmente secretario general adjunto de la Organización de Estados Americanos, a ocupar el liderazgo de esa institución en las elecciones programadas en 2015 para escoger un nuevo secretario general que sustituya al chileno José Miguel Insulza.

Para perplejidad de los ministros de Caricom reunidos recientemente en Haití, el ministro de Relaciones Exteriores de Surinam, Winston Lackin, dijo a sus colegas que su Gobierno había decidido no apoyar la candidatura de Ramdin ya que sabía que no recibiría suficiente apoyo para asumir la Secretaría General de la OEA. Curioso. ¿De dónde sacaría el ministro Lackin semejante estimado? ¿Quién pudo haberlo conducido a tan disparatada conclusión?

He tenido el privilegio de conocer al embajador Ramdin cuando la organización canadiense que entonces yo dirigía (Human Rights Internet) colaboraba con su oficina en proyectos de prevención de conflictos vinculados a los flujos migratorios.

Recuerdo que muy altos funcionarios del gobierno de Canadá, así como de los países centroamericanos involucrados en este tema, reiteradamente elogiaban la sagacidad, habilidad diplomática, ética y amplio prestigio de este influyente surinamés que siempre ha estado orgulloso de serlo.

El asunto no deja de ser intrigante si se tiene en cuenta que nadie tendría mejores posibilidades que Ramdin para ser elegido secretario general de la OEA en 2015.

Veamos: La posición del secretario general de la OEA ha estado por lo general en manos de los latinoamericanos, pero todas las demás regiones, incluyendo América del Norte y América Central, han tenido la oportunidad de dirigirla alguna vez. Caricom ha estado representado ya en la segunda posición jerárquica de la organización (secretario general adjunto) en tres ocasiones, pero nunca en la primera.

¿Cómo es posible pensar que Surinam –y el 45% de los votos de la OEA representados por el bloque de países del Caricom– renuncien voluntariamente en esas circunstancias a presentar un candidato que ha desarrollado una carrera exitosa en la segunda posición de liderazgo de esa organización desde julio de 2005?

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¿Por qué va ese bloque de países a renunciar a su primera oportunidad real de ocupar la Secretaría General de la OEA desde que se fundó esa institución?

Si todo eso suena raro agréguese que el ministro Lackin ha anunciado su disposición a apoyar la candidatura de un guyanés (país con históricos litigios respecto al suyo) para que remplace a Ramdin como secretario general adjunto en esas mismas elecciones.

En otras palabras: no solo desea bloquear el merecido acceso de Surinam al puesto de secretario general, sino adicionalmente estaría dispuesto a apoyar la aspiración de algún guyanés frente a la de su propio compatriota al puesto que ya hoy ostenta.

Todo este episodio es tan extraño que el presidente Desi Bouterse o la Asamblea Nacional de Surinam deberían iniciar una investigación rigurosa sobre quién y qué motivos condujeron al ministro Lackin a asumir el extraordinario falso supuesto de que el embajador Albert Ramdin no tiene posibilidades de ganar la Secretaría General de la OEA en 2015.

Se impone la inmediata revocación de esta absurda postura antes de que cause un daño irreparable a toda la región. La dignidad de los miembros de Caricom no merece menos.

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