Seguridad bancaria versus sentido común

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En la década de los noventa, siendo yo investigador del OIJ, ocurrieron varios asaltos a entidades bancarias. Los delincuentes ingresaban con gorras y anteojos oscuros para que no se les identificara.

Por eso, los bancos prohibieron vestir gorra, anteojos oscuros y hablar por teléfono celular. Esas medias generaron molestias y algunos presentaron recursos de amparo ante la Sala Constitucional, que no los acogió y le dio la razón a las entidades bancarias. En ese momento, disminuyeron temporalmente los asaltos.

Semanas después, la delincuencia cambió su modo de operar. Enviaban a un cómplice para infiltrarse entre los clientes y que observara cuando alguien hacía un retiro importante de dinero. Cuando el cliente salía de la agencia, el infiltrado llamaba por teléfono al asaltante y le daba la descripción de la víctima, el vehículo en que viajaba y el envoltorio donde llevaba el dinero. Con esa información, el asaltante lo seguía en motocicleta, buscando el lugar y el momento más adecuado.

Las medidas adoptadas con anterioridad pasaron a ser ineficientes, por cuanto ya no asaltaban a la institución sino a sus clientes, pero los bancos siguieron imponiendo las mismas medidas hasta el día de hoy, después de casi veinte años.

En abril del 2010, se me diagnosticó un cáncer, lo que me hizo someterme a tres operaciones, así como a radioterapia y quimioterapia, que me provocó la caída del cabello. Por recomendación médica, debía cubrirme la cabeza. Cuando asistía a las entidades bancarias, era recibido por un guarda, quien de inmediato me decía que me despojara de la gorra o boina. Nada les importaba mi historial médico o la cicatriz que les mostraba. Esto les ocurre a todas las personas que por circunstancias similares debemos vestir de esa manera. Lo más molesto es el trato del personal de seguridad.

En mi caso, la falta del sentido común es evidente por cuanto el tratamiento produjo secuelas que me obligan a transitar con lentitud. Un guarda con sentido común fácilmente verificaría mi dicho.

Tengo la experiencia de una persona conocida que fue operada de cataratas en los ojos y una vez que superó la cirugía, la recomendación médica fue que se protegiera con lentes oscuros. En esos días fue a un banco y una vez ahí, el guarda le indicó que debía quitarse los anteojos.

Todo lo anterior lo describo para divulgar los atropellos que ocurren en las puertas de las entidades bancarias.

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