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Saul Weisleder: Benemeritazgo que no debe esperar más: Daniel Oduber

Actualizado el 11 de mayo de 2015 a las 12:00 am

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Saul Weisleder: Benemeritazgo que no debe esperar más: Daniel Oduber

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Pronto se cumplirán 24 años de la muerte de un gran patriota, Daniel Oduber Quirós (San José 1921-1991). Su gran obra de estadista, sin embargo, está siempre presente con nosotros los costarricenses.

El reciente fallecimiento de su viuda, doña Marjorie Elliot Sypher, nos movió a varios amigos a recordar que el muy merecido benemeritazgo a don Daniel aún espera en la Asamblea Legislativa.

La creación de la UNED, del Sinart, de varios parques nacionales, y su integración como sistema y fértil semilla para tener hoy un 25% de nuestro territorio bajo protección, son ejemplos de su obra perdurable.

La Bolsa Nacional de Valores (como parte de Codesa), el Consejo Nacional de Rectores (Conare), y su brazo ejecutivo la Oficina de Planificación de la Educación Superior (OPES), y el Museo de Arte Costarricense son otras de las instituciones fundadas durante sus años como presidente de la República. Este conjunto diverso y visionario de creaciones transformaron a Costa Rica muy positivamente.

Ante una nueva “crisis del petróleo” que disparó sus precios, don Daniel impulsó un vigoroso programa de cultivo de la “dieta básica costarricense”: frijol negro, arroz y maíz. Igualmente, expandió Catsa y el cultivo de caña de azúcar y de algodón en Guanacaste.

Estos proyectos, como acción directa del Estado, sin duda tenían sentido económico y social en las circunstancias de la época, pero más tarde las condiciones internacionales e internas variaron, y algunos perdieron sentido, por lo que se hicieron cambios y ajustes profundos en gobiernos posteriores. Sin duda, fueron acciones que en conjunto respondían a un modelo coherente de Estado, quizá no sostenible en el tiempo.

La construcción de lo que es hoy el Aeropuerto Internacional Daniel Oduber se inició en su gobierno, presagio de lo que es hoy el gran desarrollo turístico de Guanacaste alrededor del proyecto del golfo de Papagayo, que Oduber soñó con una visión difícil de hallar hoy en los gobiernos de América Latina.

La construcción de infraestructura escolar en múltiples zonas del país mejoró las condiciones en que los niños y jóvenes, especialmente rurales, podían aprender.

Doña Marjorie, su recientemente fallecida esposa, acompañó este esfuerzo con un programa de bibliotecas escolares, que garantizó un mínimo de libros a disposición de los niños en todas las escuelas.

Su gobierno desplegó con fuerza la construcción de infraestructura universitaria, especialmente en la UNA, la UNED y el ITCR y dejó avanzados los préstamos internacionales para completarlas y fortalecer la de la UCR.

Asignaciones Familiares. Pero rara vez se detalla el carácter de plena coherencia visionaria al analizarse la obra que fue, quizá, la más de ellas, Asignaciones Familiares (AF). ¿Por qué lo afirmo? Porque pocos años después de su creación, esta institución mostró su pleno impacto y significado.

Durante la crisis económica en América Latina, en la década de los ochenta del siglo XX, de la que Costa Rica fue una de sus primeras víctimas, los organismos financieros y de desarrollo internacionales (BM, FMI, BID), promovieron “fondos de inversión social” para paliar algunos de sus efectos más perniciosos entre los pobres y los sectores medios empobrecidos.

Los fondos se crearon con préstamos de estos bancos, dados los graves problemas fiscales que todos los países vivían. Pero el nuestro era el único que ya contaba con un fondo de este tipo, financiado por medio de la planilla de las empresas a partir de cierto tamaño.

Asignaciones Familiares, junto con ingresos de las “sobretasas a la importación”, que pesaban sobre ciertos productos, permitió seguir financiando programas, como los comedores escolares y otros, a pesar de la endeble situación fiscal que el país y el subcontinente, en general, vivían.

Con el impulso del presidente Monge, y gracias a la acción legislativa de las diputadas de entonces Matilde Marín (q.e.p.d.) y María Lidia Sánchez, las autoridades del Gobierno lograron negociar con el sector privado, la oposición política y los organismos internacionales, para que estas conquistas se mantuvieran, a pesar del cambio de modelo económico hacia uno de promoción de exportaciones; enorme logro en el que la mano de Daniel Oduber estuvo muy presente.

Más tarde se eliminaron las “sobretasas” y otros recursos sustituyeron este financiamiento, pero Asignaciones Familiares se mantuvo y se mantiene.

En beneficio de muchos. Como se ve, gobernó en favor de todos los sectores sociales y de los niños y jóvenes de entonces, con énfasis en los más necesitados, para así ampliar la clase media.

Toda su obra (como la de don Pepe y otros) fue un esfuerzo para integrar a la clase media y a los pobres a las oportunidades de las corrientes más dinámicas del progreso social y económico, mediante trabajo y sacrificio personales.

La trayectoria de Oduber sobrepasa la obra material y las instituciones que fundó o ayudó a crear. Fue, además, diputado, presidente de la Asamblea Legislativa, ministro, embajador, dirigente estudiantil y uno de los fundadores del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, entre otros cargos.

Abogado por la UCR, obtuvo una maestría en la Universidad de McGill, en Canadá, y un doctorado en la Sorbona (París), ambos en Filosofía; publicó varios libros señeros y múltiples artículos; autorizó el restablecimiento de relaciones, consulares, con Cuba y la legalización del Partido Vanguardia Popular. Fue uno de los máximos apoyos de Panamá en su lucha por la nacionalización del canal. De él dijo Henry Kissinger que era el presidente más culto de América Latina en su día.

Diplomáticos acreditados en nuestro país indicaron que era una figura de dimensión mundial. Educó a muchas generaciones de dirigentes políticos y sociales.

Podría extenderme mucho más para sustentar el apoyo a la iniciativa del justo benemeritazgo para don Daniel, pero el espacio lo impide. Baste decir que, más allá de errores que pudiese haber cometido, a las personas, y especialmente a los gobernantes y estadistas, debe juzgárseles por la totalidad de sus acciones, por el balance final. En el caso de Oduber, no tengo la más mínima duda de que este es ampliamente favorable para nuestro país.

Daniel Oduber fue uno de los pilares fundamentales de las décadas de “desarrollismo”, en el mejor sentido que ese concepto tuvo en aquellas décadas.

El autor es economista

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