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Santiago Núñez: ¿Por qué invertir en ciencia?

Actualizado el 01 de junio de 2015 a las 12:00 am

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Santiago Núñez: ¿Por qué invertir en ciencia?

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En las sociedades modernas, la búsqueda del conocimiento científico se ha convertido en una nueva forma de capital. Al igual que en otros tiempos, se requieren personas dispuestas y capaces de extraer riquezas intelectuales, así como un ambiente político consciente de por qué invertir en la ciencia, que parece riesgosa a corto plazo, pero transforma personas y países a largo plazo.

La acumulación de resultados de excelencia, especialmente en ciencia fundamental (aquella que explica por qué las cosas son así), es indispensable para la credibilidad científica de las naciones.

Algunos de estos resultados serán puestos al servicio de problemas prácticos por mentes curiosas e inquietas, una nueva generación de artesanos cuyas joyas son las tecnologías de punta.

Estas, sólidamente sustentadas en investigación que reduce la facilidad para copiarlas, deben llevar a crear nuevas empresas nacionales que vendan productos únicos en el mercado mundial y produzcan riqueza, trabajo y bienestar a un número cada vez mayor de personas. Costa Rica tiene el potencial de ser una las estrellas más brillantes en el firmamento de las naciones. Antes, veamos cómo el concepto de riqueza ha cambiado en a lo largo de la historia.

Evolución. El intercambio de bienes y servicios es milenario, y se instauró de manera organizada gracias a dos grandes hechos: la existencia de excedentes productivos de la agricultura y el nacimiento de las ciudades.

La moneda se abrió paso como una abstracción útil para llevar cuentas de deudas y pagos como un mecanismo de confianza entre partes: el dinero representaba el valor de bienes tangibles como metales preciosos, ovejas o granos con el fin de hacer transacciones para el intercambio de bienes, y no negociar los bienes directamente.

Esta tendencia llevó a definir el “patrón oro”, mecanismo en el que el valor del dinero se encontraba sustentado por reservas nacionales.

Aquí convergen varios elementos. Primero, la coincidencia de la fiebre del oro y un grupo de personas dispuestas a encontrar la fuente mineral apropiada y, posteriormente, de extraer el metal en grandes cantidades. No todo es de la misma calidad o es real, y, por ende, un riguroso proceso de selección y estandarización fue necesario.

La reserva nacional requería, además, una masa crítica suficiente para sustentar la moneda. El oro también terminó en manos de hábiles joyeros y artesanos para crear obras prácticas y artísticas de alto valor y, a su vez, una industria capaz de trabajar otros metales. Finalmente, estos objetos de gran cuantía siguen en venta en mercados especializados.

Capital y riqueza. El capital se define como un factor de la producción de bienes y servicios que no tiene fin en sí mismo, pero es necesario para acceder a otros factores con el fin de generar valor. El capital es esencial para generar riqueza, que no es sino la acumulación de posesiones o recursos valiosos.

La riqueza proviene de varias fuentes, en especial mediante la acumulación de capital. Al crecimiento de la riqueza que no puede explicarse mediante el mecanismo previo se le denomina tecnología.

La pregunta. Lo más importante que Costa Rica debe cuestionarse es: ¿Cómo generar bienestar económico que permanezca en el tiempo y se traduzca en bienestar y justicia social para los ciudadanos? En el contexto de la negociación del presupuesto nacional deben tomarse decisiones con miras a largo plazo, que le den solución satisfactoria a esta pregunta.

Las naciones desarrolladas, en momentos de dificultad económica, han decidido incrementar sus reservas de conocimiento y postergar su satisfacción inmediata.

Costa Rica, al aspirar a ser parte de la OCDE, debe revisar su filosofía de inversión pública hacia un crecimiento inclusivo y robusto. Si el origen moderno de la riqueza es el capital basado en el conocimiento, entonces invertir en ciencia de forma seria y sostenida no es una opción, sino una necesidad impostergable.

Esta inversión debe ser al menos diez veces mayor a la actual.

Santiago Núñez es director de Investigación y Desarrollo Tecnológico del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones.

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