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Sangre, sudor y lágrimas

Actualizado el 21 de abril de 2013 a las 12:00 am

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Sangre, sudor y lágrimas

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Parecía ser un día perfecto. En el cambiante clima de Massachusetts esta sería una maratón fría pero soleada. Un día de intensas y contrastantes emociones, para quienes habían dedicado largas jornadas de entrenamiento, sudor y lágrimas, para llegar a este tan esperado día.

La más antigua de las maratones en el mundo moderno está reservada para las y los mejores del mundo. Celebrada anualmente en Boston en el tercer lunes de abril, reúne a más de 20.000 corredores y 500.000 espectadores convirtiéndola en uno de los eventos deportivos más relevantes en Estados Unidos.

Para los corredores se trata de la hora de la verdad y las emociones están a flor de piel. La satisfacción de estar ahí queda ensordecida ante los trepidantes pálpitos de un galopante corazón y un cuerpo enfebrecido por la adrenalina, que hay que contener estratégicamente para lograr esa meta autoimpuesta muchos meses, sino años, atrás.

Familiares, amigos y hermanos en el deporte, con gran orgullo y admiración se hacen física o virtualmente presentes para apoyar, animar y felicitar a estos titanes, pues ellos son los más fidedignos testigos de ese despliegue de férrea disciplina, perseverantes madrugadas y una interminable lista de sacrificios que hicieron posible llegar a cumplir este sueño.

Hace algunos meses pude experimentar en Las Vegas los rituales y sana energía que se vive en las maratones, así como las intensas emociones surgidas cuando, con la nieta en brazos, pudimos ovacionar el ingreso de mi hija Adriana y sus amigas al atravesar la meta.

Me embarga una profunda sensación de luto por el infame acto terrorista que tiñó de sangre la sana y hermosa celebración en Boston. Lloro por quienes perdieron su vida, y muy especialmente por el pequeñín de 8 años. Me solidarizo con los heridos y sus familiares. Que los responsables enfrenten la mano de la justicia.

Un acto tan deleznable mostró cara positiva y esta orgullosamente tuvo sello costarricense. Carlos Arredondo, el héroe de Boston, sufrido padre quien perdió en poco tiempo a sus hijos Alexander y Brian, es hoy un símbolo mundial de bondad, desprendimiento y un ejemplo vivo de los maravillosos designios de Dios.

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Comparto un mensaje circulado esta semana, “El error más grande de los terroristas fue tratar de inspirar miedo entre el más corajudo grupo de corredores, Boston 15 de abril 2013”.

Hoy mis amigos lectores, todos debemos convertirnos en parte de una gran maratón mundial, que en el mejor espíritu de lucha y valor del deporte, nos convierta en una unívoca voz de condena al terrorismo.

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