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Sanatorio Durán, entre ruinas y descuido

Actualizado el 27 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Tristemente,en Costa Rica conservar la historiano es prioridad

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Sanatorio Durán, entre ruinas y descuido

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Hace algunos años, tuve la dicha de visitar el histórico Hospital Sanatorio Durán, ubicado en la provincia de Cartago y fundado en 1915, lugar que mantuvo internados a personas de varios países, dando tratamiento contra la tuberculosis a quienes lo necesitaban.

En aquella ocasión, observé anotaciones en las paredes realizadas por personas que ahí pasaron semanas y hasta años, pensamientos similares en contenido emocional como aquellos que existen en la antigua Penitenciaria Central o en la antigua cárcel de San Lucas.

Con mucha ilusión, el domingo pasado invité a mi hijo de doce años a que fuéramos a visitar el lugar, pensando en que tendría la oportunidad de aprender un poco más de la historia de lugares que fueron importantes en nuestro país, por lo que partimos temprano para asegurarnos de pasar bastantes horas y recorrer todos los edificios que formaban el Sanatorio Durán.

Tremenda desilusión nos llevamos cuando iniciamos nuestro recorrido al observar que las paredes, antes históricas, ahora estaban llenas de grafitis, declaraciones de amor y obscenidades. Aquellas historias que contaban la vida y situaciones de las personas, se perdieron en el mar de colores de los que pretenden ser creativos destruyendo un patrimonio de todos los costarricenses a cargo del Estado, que demuestra una vez más su incapacidad para mantener y cuidar aquello que heredamos de nuestros antepasados.

Como si eso no fuera suficiente, considero que se debe tener un mínimo de respeto a la memoria de aquellos seres humanos que una vez llegaron a ese hospital y que allí fallecieron. Sin embargo, desde que entramos a los edificios, encontramos a padres asustando a sus hijos en los oscuros pasillos, a parejas besándose en alguna de las esquinas del edificio principal, a personas comiendo en las gradas y botando la basura al suelo, ganado en los antiguos jardines de las casas del administrador, la farmacia y otros que carecen de identificación alguna.

Finalmente, decepcionado por completo, expliqué a mi hijo una parte de la historia del lugar y lo invité a que cambiáramos de sitio a uno en donde la naturaleza predominara. Tristemente, me di cuenta de que en Costa Rica, conservar la historia no es prioridad alguna y que el administrador de nuestro país, frente a sus ojos, deja perder edificaciones que formaban parte del patrimonio histórico de toda una nación.

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