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Saludos a Buches

Actualizado el 29 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

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En un artículo publicado recientemente en la sección de Opinión de este diario, el pianista y escritor Jacques Sagot nos narra la forma en que su mascota Buches, una perrita bóxer, en un acto de defensa territorial, ataca a una zarigüeya ( Didelphis marsupialis ), también conocida como “zorro pelón”. Buches eviscera de un mordisco a la zarigüeya y expone, a la vista, ocho crías que se desarrollaban en el marsupio de la madre. Después, viene lo sorprendente de la conducta de Buches. Al ver a las crías indefensas y débiles, les puso su vientre para protegerlas y que se amamantaran.

Un acto instintivo es una facultad innata para captar ciertas impresiones que se interrelacionan conscientemente para evitar el sufrimiento, dolor, y desenvolverse en ámbitos determinados. No se debe confundir instinto con nocicepción, que es una actividad inducida por estímulos que el sistema nervioso periférico conduce hasta el encéfalo, donde se percibe la sensación de dolor. En la nocicepción no se requiere conciencia. Es como tocar algo muy caliente y quitar la mano rápido y sin pensar. Esto genera una aprehensión que se recuerda e interrelaciona, y, entonces, genera actos que evitan el contacto con eso caliente que lastimó la mano o la pata. Aquí se convierte en instinto.

Debido a que el dolor es un mecanismo de alerta para conservar la vida de los individuos, induce una respuesta de evasión ante el estímulo agresor, para que el evento quede registrado en la memoria y el animal aprenda a evitar las situaciones que puedan dañarlo.

El instinto lo tenemos los humanos y los animales vertebrados. Viene al caso lo que nos dice Immanuel Kant en su libro Fundamentación para una metafísica de las costumbres : “En un organismo teleológico su finalidad máxima es la felicidad (bienestar) que sería su conservación y que todo le vaya bien. La naturaleza es desacertada al encomendar en la razón la realización de su propósito (la felicidad), pues, por instinto podría alcanzar la meta más certeramente que con la razón”.

Tenemos instintos. En estas líneas podemos notar que Kant acepta que el ser humano tiene instintos, orientados no solo a evitar el sufrimiento y dolor, sino también a buscar la satisfacción. Esto también es de los animales vertebrados, ya que son organismos que se interrelacionan con fines propios, según la especie y entre especies, en busca de la satisfacción y, además, evitando conscientemente el dolor y sufrimiento.

Después nos dice, en otros párrafos del mismo libro, que en el ser persona hay, además, una tendencia a la razón, voluntad, libertad y con un valor interno que no es intercambiable, que se llama dignidad y se manifiesta en que el hombre y la mujer son los únicos seres que pueden, si quieren, ponerse leyes a sí mismos. Y es aquí donde la persona se separa de los animales no humanos.

Ese instinto consciente en animales vertebrados que evita el dolor, el sufrimiento y busca la satisfacción, pero no de manera egoísta, se mostró en Buches en lo que Alexander Skuth en su libro Fundamentos morales llamó como protomoralidad y que define así: “Son aquellos patrones innatos de conducta en los animales, aquellos que en algunos aspectos se asemejan al tipo de conducta que nosotros tenemos por ideal”.

Buches sabe que debe proteger el territorio familiar de todo aquel individuo que genere sospechas de provocar un daño. Pero reconoce que las crías de la zarigüeya no son un peligro, al contrario, las percibe débiles y pretende protegerlas. Es un pensamiento reflexivo rústico con protomoralidad.

Tal conducta puede ser interpretada desde el pensamiento de Alexander Skutch de la siguiente forma: “Si esta concepción es correcta, la protomoralidad de los animales y la conducta moral deliberadamente alcanzada por personas reflexivas, son igualmente el resultado del carácter moral que llena todo el universo, por lo que debemos reconocer que tienen una fuente común”.

Sin embargo, nos separamos del mundo animal con esa imaginación de la que habla Jaques, que le agregaría el calificativo de imaginación práctica, es aquella que nos permite poner satélites en la órbita terrestre para ubicarnos por medio del Sistema de Posicionamiento Global (GPS) o comunicarnos con miles de personas a la vez dentro de las redes de Internet, y tantas cosas más.

Por lo tanto, así como en la naturaleza se dan relaciones de presa-depredador, en la que este no disfruta con el sufrimiento de su víctima (solamente es parte de la necesaria y dura cadena alimenticia), los seres humanos, como parte del ecosistema terrestre, también debemos alimentarnos, pero con empatía y consideración, evitando el sufrimiento y dolor de aquellos animales domésticos con los que compartimos la vida y son parte de nuestro sustento.

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