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Actualizado el 13 de octubre de 2013 a las 12:00 am

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Sin ninguna duda, Barack Obama ha sido el protagonista de la recién pasada semana, luego de que Vladimir Putin le robara su lugar en la búsqueda de solución al posible ataque de castigo al régimen de Al Assad en Siria por el uso de armas químicas.

En el escenario de la celebración de la Asamblea General de Naciones Unidas, la presencia del recién electo presidente iraní, Hassan Rouhani, ocasionó la histórica conversación telefónica con Obama después del largo silencio desde la revolución islámica iraní y el asalto y toma de rehenes en la Embajada de Estados Unidos en Teherán.

Se supone que la conversación telefónica fue a consecuencia del éxito de la reunión previa entre el ministro de Exteriores iraní, Muhammad Javad Zarif, y el secretario de Estado norteamericano, John Kerry.

La comunidad internacional se ha enterado de fragmentos de esa conversación mediante Twitter. En su cuenta, el presidente iraní ha informado de que le ha dicho a Obama en inglés: “Que tengas buen dia”, y el presidente estadounidense le ha respondido en farsi: “Jodahafez”, que quiere decir: “Que Dios esté contigo”.

Según el presidente Obama, “la conversación ilustra la profunda desconfianza entre nuestros países, pero también indica la perspectiva de mirar hacia adelante”. Las conversaciones seguirán en Ginebra, en este mes de octubre, con la presencia de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y también de Alemania. Le llaman el G-5+1.

Mirada al pasado. Una mirada al pasado cuenta una historia. Resulta que el segundo nombre de Obama es Hussein, lo que implica ancestros familiares chiitas, y que Rouhani se llama Hassan. ¡Dos nombres históricos en la tradición islámica chiita!

Hussein y Hassan eran hermanos, hijos de Alí, esposo de Fátima, hija del profeta y, además, primo de Mahoma.

Alí encabeza el primer conflicto civil del islam y, con él, nace la rama chiita de los musulmanes, con el argumento de que el poder se hereda por la línea sanguínea. A su muerte, Hussein sigue los pasos de Alí con la segunda guerra civil en la lucha por el poder del califato. Están enterrados, uno en Najaf y el otro en Kerbala, en lo que es hoy el Estado-nación de Iraq.

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Hassan renuncia a la herencia sanguínea del poder y reconoce como heredero a Muawiya por vía burocrática del califato, la rama sunita del islam.

Parecería que, a más de mil trescientos años de historia, Hassan y Hussein se encuentran de nuevo en un conflicto.

¿Se rendirá Hassan esta vez?

Por suerte, en la actualidad ¡existe Twitter!

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