Opinión

Salud de los jóvenes está en el olvido

Actualizado el 25 de julio de 2015 a las 12:00 am

El abandono del sector adolescente y joven es crónico: abarca los últimos gobiernos

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Durante muchos años, desde diversas trincheras, se ha peleado por el sueño de que los adolescentes y jóvenes (10 a 25 años) tengan acceso a una atención de calidad en salud.

Este sueño responde a necesidades reales, demostradas por los problemas propios de la adolescencia, históricamente mal o del todo desatendidas: embarazos, enfermedades crónicas, síndrome metabólico y obesidad, drogadicción, accidentes de tránsito, problemas de aprendizaje, sida, anorexia, bulimia, depresión, ansiedad, suicidio, explotación sexual o comercial y narcotráfico, entre otros.

Datos en contra. Pero los problemas no se quedan ahí. Los muchachos salen de la adolescencia para iniciar la adultez enfermos o con factores negativos que atentan contra su calidad de vida.

Una cuarta parte de los costarricenses son hipertensos, medio millón son diabéticos tipo 2 y otra cantidad similar son prediabéticos; el 60 por ciento tiene sobrepeso u obesidad; un 40 por ciento de los suicidios ocurre en personas menores de 30 años; los homicidios y las muertes por accidentes de tránsito se incrementan en personas entre los 18 a 25 años; la mitad de las personas menores de 24 años no terminan el bachillerato; el desempleo juvenil duplica al nacional, entre muchos otros ejemplos más que se podrían citar.

Abundancia de pruebas. A pesar de la evidencia abrumadora que urge de respuestas, desde el Estado existe tanto desconocimiento y falta de interés que uno se espanta. El abandono para el sector adolescente y joven es crónico: abarca los últimos cinco gobiernos. A corto plazo tampoco se vislumbra una respuesta que a favor de una decisión política que contribuya a un cambio positivo en el estado de las cosas.

En la década de los ochenta, agencias intergubernamentales como la OPS, OMS y Unfpa, alertaron sobre las necesidades de los adolescentes, y esto abrió un espacio para que los Gobiernos se interesaran por esa población. En nuestro país, dicho interés se tradujo en acciones concretas gracias a la decisión política de Guido Miranda, presidente ejecutivo de la CCSS en esa época, quien comprendió la necesidad de tomar acciones.

Producto del apoyo que se originó en ese momento, se creó el Programa de Atención a Adolescentes de la CCSS, que permitió la creación de 100 clínicas en todo el país. El programa estaba en proceso de extenderse, pero un cambio de gobierno llevó a su desmantelamiento.

Sin soluciones. Posterior a ese esfuerzo, ningún gobierno ha llevado a cabo acciones de impacto y los resultados están a la vista: una cobertura en salud de la población adolescente que no llega a una tercera parte (la más baja de todos los grupos etáreos atendidos por la CCSS), y una inoperante coordinación interinstitucional e intersectorial, sin la cual no podrían abordarse de manera eficiente las necesidades de adolescentes y jóvenes.

¿Se puede seguir siendo optimista? ¿El cambio se dará y el sueño seguirá siendo viable? Para los que trabajamos con jóvenes, abandonar el sueño no es una opción; pero esto no impide que los problemas se sigan acumulando y que la olla de presión esté por estallarnos en la cara.

Alberto Morales Bejarano es jefe de la Clínica de Adolescentes del Hospital Nacional de Niños.

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