Opinión

Rufián legalista

Actualizado el 08 de julio de 2013 a las 12:02 am

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Rufián legalista

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No ha ley que nos prohíba traicionar, odiar, guardar rencor, intrigar, envidiar. Tampoco hay ley que nos obligue a ayudar a un anciano a cruzar la calle, o auxiliar al vecino en una emergencia. La ley tiene un límite “negativo” (no sanciona todo lo que debería sancionar), y uno “positivo” (no nos fuerza a hacer todo lo que deberíamos hacer). Alguien puede vivir bajo la égida de la ley y ser, sin embargo, un perfecto h. de p. Un “rufián legalista” (Sponville). Como ciudadano, irreprochable; pero, como persona, un redomado miserable.

Legalidad no equivale a ética, a moral. Queriendo formalizar la justicia, la ley no hace más que codificarla, protocolizarla. Nuestra sociedad está llena de prácticas que, siendo legales, son absolutamente nauseabundas, y de conductas que, siendo ilegales, son perfectamente éticas. De ello no se sigue que toda ley sea abyecta, y que por principio debamos violarla. Pero mirarla con espíritu crítico, eso sí es saludable. El “rufián legalista” es un fariseo. Costa Rica se ha llenado de “rufianes legalistas” y de mártires que jamás han lesionado a sus semejantes, y, sin embargo, son acosados sañudamente por torquemadas perversos.

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