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Los que se fueron

Actualizado el 22 de junio de 2013 a las 12:01 am

Escribir desde fuera es una forma de escribir con más libertad sobre lo que pasa dentro

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Cuando se observa el siglo XX literario de Costa Rica, llama la atención el atractivo especial de México como lugar de emigración (temporal o definitiva) de varios de sus escritores. Haciendo un recuento rápido y no exhaustivo, a principios de siglo, en la generación modernista, está el poeta y narrador Rogelio Fernández Güell, nuestro héroe cívico que perdió su vida en la lucha contra el régimen tinoquista. Salió exiliado de Costa Rica a España, de donde procedía parte de su familia y donde se casó. Luego emigró a México, donde realizó una labor intelectual y política importante, al lado de Francisco I. Madero, el presidente mártir de la democracia mexicana. Tras este asesinato, tuvo que volver a Costa Rica para salvar su propia vida, donde eventualmente repetiría en sí mismo el sacrificio político de su admirado Madero.

Está también el caso de uno de los mejores poetas modernistas ticos, Rafael Cardona, que en su momento fue comparado positivamente con Rubén Darío, y cuya obra fue recogida y publicada por el Ministerio de Cultura de Costa Rica hace muchos años, poco tiempo antes de que falleciera en México.

En otra sintonía intelectual vino luego el caso del ensayista Vicente Sáenz, quien, por cierto, se encuentra cumpliendo 50 años de muerto, y que realizó buena parte de su labor política antiimperialista en México, acorde con el buen ambiente revolucionario. Fue muy reconocido en su tiempo, pero más como hombre de ideas (políticas) que de arte. En México se estableció otro escritor costarricense, Alfredo Cardona Peña, poeta, cuentista de lo fantástico (incluida la ciencia ficción) y periodista cultural. A mediados de siglo emigraron las que llegaron a ser dos grandes figuras de las letras nacionales, Yolanda Oreamuno y Eunice Odio, una en narrativa y la otra en poesía, ambas muy vigentes. En 1949 ahí murió Carmen Lyra, exiliada de la guerra de 1948. Habría que considerar también los años en México de José León Sánchez, desde La isla de los hombres solos hasta Tenochtitlán .

A diferencia de los artistas en otras áreas (como Francisco Zúñiga en las artes plásticas y Chavela Vargas en la canción popular), que se mimetizaron completamente con el medio mexicano, lo que favoreció su éxito, en el caso de los escritores que hicieron obra en México, solo Cardona Peña y Sánchez lograron un reconocimiento en el nuevo medio sin desligarse del país original (Sánchez incluso retornó). Oreamuno escribió algunos de sus mejores cuentos con asunto y ambiente mexicanos; Eunice Odio, al respecto, tiene un cuento fantástico y uno sus mejores poemas de su etapa mexicana, el dedicado al arcángel San Miguel, pero como autoras son poco o nada conocidas en México, o se sabe de ella a nivel de personaje y leyenda, pero no por su obra literaria, como en el caso de Eunice. No se la ha leído sencillamente porque su obra poética nunca se publicó ahí como libro: se editó en Guatemala, El Salvador y Argentina, y, ya muerta, en Costa Rica y Venezuela. No existe hoy una antología accesible de su poesía para algún lector interesado de México. Por suerte, hay Internet, donde se pueden encontrar algunos poemas.

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En otros campos más allá del arte y la literatura, habría que mencionar el mundo de la música y el espectáculo, en el que México es y ha sido capital en el mundo hispanohablante, primero con el cine y luego con la televisión y siempre con la música. Está el caso archiconocido de Chavela Vargas, con su mimetismo radical y virulento. Menos recordado hoy es Crox Alvarado para el mundo del cine, quien, a partir de los años cuarenta, se volvió un actor importante que llegó a ser pareja cinematográfica de divas como María Félix, en Doña Diabla . Como también era luchador, participó posteriormente en filmes de lucha libre con El Santo. Como ven, antes de Rafael Rojas estuvo Crox. Después, siempre en el mundo del espectáculo, Maribel Guardia ha tenido un papel notable, pues hasta “Diosa de plata” –un importante premio de actuación-- le dieron por su papel en Terror y encajes negros , aunque su impacto popular ha sido sobre todo por la música y la televisión.

Volviendo a la literatura, después de ser México por muchos años el lugar de acogida por excelencia para los escritores autoexiliados costarricenses, a medida que avanzó la segunda mitad del siglo XX, ha sido Estados Unidos quien ha atraído nuevas plumas: Rima de Vallbona, Victoria Urbano, Virgilio Mora, Uriel Quesada, Edwin Quesada. Es como si el escritor costarricense diera finalmente el salto al vacío de la otra lengua, en su caso el inglés, aunque sigan escribiendo en español, con un pie en la página y otro en el abismo.

Todos ellos (y otros más) no por escribir fuera de Costa Rica dejaron de hacerlo sobre ella; en ningún caso el cordón umbilical se cortó del todo. De hecho, escribir desde fuera es una forma de escribir con más libertad sobre lo que pasa dentro. Ya se sabe que la perspectiva ayuda, la distancia favorece el análisis. Por eso, aunque se marcharon para no volver, fueron y siguen siendo parte importante de la literatura nacional y, ¿por qué no?, también de la literatura a secas y sin membrete de lugar.

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