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Rodrigo Bolaños: Preocupaciones por la discusión fiscal

Actualizado el 29 de junio de 2015 a las 12:00 am

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Rodrigo Bolaños: Preocupaciones por la discusión fiscal

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Pareciera que casi todos aceptamos que la cuenta fiscal sigue empeorando y que sin acciones importantes caminamos inexorablemente hacia el abismo. Preocupa lo siguiente:

Zigzagueante camino del gobierno. Parece que el gobierno solo ha dado a conocer parcialmente su estrategia fiscal. Puede ser que no la dé a conocer completa para no revelar sus tácticas de negociación, pero, además de ser poco claro, el gobierno se contradice, cambia de planes y roza con la Asamblea Legislativa, los empresarios y otros grupos.

Los acuerdos entre una parte del PAC, el Frente Amplio y los sindicatos apuntan a pugnas y empates políticos por doquier, amenazas de huelgas y manifestaciones.

Lo anterior lleva a incertidumbre en las personas y las empresas, que saben que pueden venir más reformas, pero no cuándo se presentarán, ni cómo se discutirán, ni cuál será el contenido y si alcanzarán para resolver el problema, y menos qué se aprobará y cuándo entrarán en vigor.

Como consecuencia, las decisiones de inversión y consumo privadas se ven afectadas negativamente, haciendo que la economía, las utilidades y el empleo crezcan menos.

La “lucha de clases”. La discusión tiene ciertos tintes de “lucha de clases”. En el sector privado muchos defienden no dar más plata al Gobierno si no pone en orden su gasto, como si ciertos rubros del gasto público no tuvieran beneficios macro y microeconómicos para ellos, a pesar de que la eficiencia en el gasto no sea la deseada.

Lo mismo ocurre en el sector público: hay quienes claman por no tocar salarios ni empleo público para bajar el déficit fiscal, como si el elevado aumento en ese rubro se pudiera mantener sin más ingresos. Más bien pugnan, con ingresos que ya están comprometidos, por más gasto para las municipalidades y otros.

Proponen recaudar más por el lado de bajar las exoneraciones y la evasión de los ricos, como si eso se pudiera hacer rápido, y por los elevados montos que se necesitan para cerrar el alto déficit, contrario a los que enseña nuestra experiencia y la internacional.

El ajuste fiscal y su posible efecto contractivo. Al sector privado y a los analistas les preocupa, con razón, los posibles efectos contractivos del ajuste fiscal. Pero también hay efectos positivos.

Una rebaja en el déficit fiscal, por definición, significa que el Gobierno no tendrá que colocar tanta deuda pública, interna y externa, lo que puede tener efectos expansivos que compensen parte de los contractivos.

La menor deuda interna del Gobierno ayudará a que queden disponibles más recursos del ahorro nacional para dar crédito al sector privado. Las tasas de interés en colones bajarán.

Menos deuda externa ayudará a reducir la oferta de dólares en el mercado cambiario y permitirá revertir parte de la apreciación cambiaria que tanto ha costado a los exportadores.

Con la inflación bajo control como lo está, el Banco Central podrá seguir una política monetaria expansiva durante el ajuste fiscal. Mejorarán nuestras calificaciones de riesgo. La economía no tardaría en volver a crecer y a generar empleos, utilidades para los empresarios y recursos adicionales al fisco. Si no se da el ajuste fiscal, todo lo positivo no ocurrirá y la situación más bien empeorará.

La calidad o productividad del gasto público. El gasto corriente puede y debe ser de buena calidad y productivo. Hay que buscar la forma de medir la calidad y productividad del gasto público para saber cuál debe subir y cuál bajar, sea corriente o de inversión. Sin embargo, igual que bajar la evasión tributaria, establecer esas necesarias medidas en forma adecuada toma años.

Por eso, en las impostergables rebajas al gasto improductivo, hay que cuidarse de no repetir con la inversión en capital humano (educación y salud) y en seguridad, la baja que se hizo a la inversión en infraestructura después de la crisis de 1981-82 para disminuir el déficit fiscal solo a corto plazo, y que nos llevó a crecer más lento a largo plazo. Hay que proteger el gasto productivo, sea corriente o de capital.

¿Cuánto tiempo tenemos? La “lucha de clases” no lleva a ningún lugar. El gobierno debería plantear sus cartas completas y la secuencia en la que quiere que se aprueben las reformas. El resto de nosotros también debe de dejar de jugar con fuego y abandonar posiciones extremas.

El gobierno debería sentarse a negociar con las cámaras empresariales, los sindicatos, las universidades, los diputados, etc., y buscar acuerdos razonables y factibles, que es lo que se esperaba empezara a ocurrir con el nuevo ministro de la Presidencia.

Las elecciones pasadas dieron al PAC el control del Ejecutivo, pero lo dejó como una minoría en el Legislativo, aun si se le suma el Frente Amplio. El mensaje para reformas legales fue claro: ¡A negociar se ha dicho!, dentro de la Constitución y la ley.

Al gobierno y al país se le puede acabar el tiempo político para un ajuste fiscal a fondo si la administración busca primero aprobar los proyectos ya en trámite en el Asamblea, como reducción a la evasión, a las exoneraciones, caja única y pensiones. Estas serían reformas que, aunque requeridas, no resuelven sino una proporción menor del problema.

Si no presentan pronto a la Asamblea las ya demoradas reformas al impuestos sobre la renta y ventas y de gasto (salarios e incentivos) –las que verdaderamente cuentan–, difícilmente se podrán aprobar este año o en la primera parte del próximo.

Y, a medida que se acerque el 2017, el gobierno empezaría a perder interés en resolverles el problema a los que siguen. Esto, si es que continúa la suerte que ha tenido hasta ahora en materia económica y no se desata antes algún problema que empeore la situación o no tenga ni siquiera la oportunidad de heredarle a la siguiente administración el ajuste fiscal de fondo.

¿Al precipicio? Con la oposición en control del Directorio y Hacendarios en la Asamblea, para algunos la discusión del presupuesto nacional del 2016 que se avecina es un acontecimiento más esperado que un partido de la Selección Nacional en un mundial de fútbol, aunque solo pueda producir recortes transitorios en el gasto.

Ojalá estos no lleven a la complacencia y que no sean, además, ficticias bajas en la amortización de la deuda pública, que de todas maneras en nada disminuyen el déficit (la amortización es inevitable y se cancela deuda con deuda) o de los recortes de gasto que luego se reponen en presupuestos extraordinarios.

Si no se actúa pronto o si lo que realmente está pasando es que el gobierno y quienes lo apoyan no quieren las reformas de fondo, que el zigzagueo es a propósito, ¡mejor apague y vámonos! A prepararnos para saltar juntos al precipicio.

Rodrigo Bolaños es economista.

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