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Robots y refugiados

Actualizado el 06 de febrero de 2016 a las 12:00 am

No existe tecnología que pueda obligar a negociar la paz a los combatientes de un conflicto

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DAVOS – El tema de la reunión del Foro Económico Mundial (FEM) de este año en Davos fue la Cuarta Revolución Industrial. El subtítulo debería haber sido: Sobre robots y refugiados. Si bien muchos de los paneles se centraron en las maravillas tecnológicas del futuro próximo, otros pusieron énfasis en la incapacidad del mundo para dar respuesta a uno de sus problemas más antiguos: cómo alimentar, dar vivienda y prestar socorro a grandes grupos humanos expulsados de sus hogares y países por los conflictos y la guerra.

La Primera Revolución Industrial ocurrió con la invención de la máquina a vapor y la producción mecánica; la segunda estuvo marcada por la electrificación y la producción en masa; y la tercera fue la revolución digital, que comenzara en los años 60 con la invención de los ordenadores, los semiconductores y la Internet.

De acuerdo con Klaus Schwab, presidente del Foro Económico Mundial, la Cuarta Revolución Industrial está comenzando ahora, “caracterizada por una Internet mucho más ubicua y móvil, por sensores más pequeños, potentes y baratos, y por la inteligencia artificial y el aprendizaje por parte de las máquinas”. Está abriendo las puertas a un mundo en el que los sistemas virtuales y físicos se interconectan en la manufactura, los servicios y el mismo cuerpo humano.

Los programas del FEM presentaban paneles sobre robótica, biotecnología, nanotecnología y viajes espaciales. El Museo Victoria y Albert de Londres creó una exposición interactiva llamada This Time Tomorrow, que muestra seis escenarios de futuros posibles, entre ellos un mundo en que desde una sola cadena de ADN fuera posible crear moldes tridimensionales completos de rostros humanos; edificios cubiertos con una capa que puede hacer fotosíntesis, absorbiendo dióxido de carbono y emitiendo oxígeno; y la conquista de la muerte por quienes escojan ser preservados criogénicamente.

Sin embargo, otras exposiciones se centraron en problemas de urgente actualidad. Se podía experimentar ser un refugiado mediante unos cascos de realidad virtual, o a través de la experiencia real de ponerse un pañuelo de cabeza y ser tratado como a un refugiado, teniendo que tomar decisiones muy dolorosas en una simulación creada por la Crossroads Foundation.

Muchos de los refugiados reales viven en un mundo que apenas ha pasado de la Segunda Revolución Industrial. Se amontonan en frágiles botes, quedando a merced de las olas y durmiendo en los suelos de las estaciones de ferrocarril.

Y, aun así, la mayoría de los millones de refugiados que llegaron en masa a Europa el pasado verano (principalmente procedentes de Siria) tenía acceso a esa “Internet ubicua y móvil” que es parte de la Cuarta Revolución Industrial. Muchos se guiaban en tiempo real con las redes sociales que veían en sus teléfonos móviles.

Michel Bauwens, cofundador de la Fundación Peer-to-Peer, describe al 2015 como el año en que millones de refugiados “se organizaron a través de las redes sociales (específicamente, grupos secretos de Facebook) y en que conjuntos de ciudadanos se estructuraron en redes de pares para ayudarles”. Estos “refugiados de Facebook”, como rápidamente los llamó la prensa, usaron la plataforma no solo para coordinarse con los traficantes de personas, sino también para ayudarse entre sí.

Según la funcionaria de la Acnur Alessandra Morelli, las decenas de miles de refugiados sirios que llegaban a la isla griega de Lesbos “sabían exactamente a dónde tenían que ir, con quién hablar y qué comprar”. Las publicaciones de Facebook les mostraban qué tipos de carpa comprar, las rutas y las tácticas que debían tomar, como acuchillar las lanchas de goma al arribar, para que la Policía griega no los empujara de regreso al mar.

Sin embargo, sigue abierta la pregunta de si los robots o el secuenciamiento de genes o los microsensores pueden servir de ayuda para integrar a los refugiados a sociedades europeas que les son cada vez más hostiles, o para volver a sus países de origen.

Es bastante fácil imaginar que se les puede marcar y hacer seguimiento de diferentes maneras. Después de todo, la Autoridad de Identificación Única de la India ha inscrito a cerca de mil millones de indios en su programa de identificación biométrica, basado en el escaneo de los iris de sus ojos.

Combínese la identificación del iris con los nuevos teléfonos móviles (ya producidos por Microsoft) que usan este método para identificar a sus usuarios, y cualquier refugiado que use su móvil para conectarse a las redes sociales también estaría señalando su posición a las autoridades fronterizas.

A medida que la UE lucha por fortalecer su seguridad fronteriza para preservar el movimiento de sus ciudadanos por los límites internos, pronto será prioritario el seguimiento y la detección de los refugiados y migrantes económicos antes de que pisen suelo europeo.

Aun así, además de los problemas de libertades civiles que implica este tipo de seguimiento, ninguna tecnología puede dar respuesta al problema subyacente: los conflictos que hacen que millones de personas busquen refugio. Históricamente, hemos sido mucho más ingeniosos a la hora de desarrollar nuevas tecnologías para matar personas que para protegerlas.

A principios de la guerra civil de Siria, cuando el gobierno del presidente Bashar al Asad afirmaba que las muchas imágenes de atrocidades que publicaban miembros de la oposición en las redes sociales eran falsas, habría sido posible desarrollar una plataforma de las Naciones Unidas con procedimientos de verificación para asegurar la autenticidad de las fotos y vídeos. Pero no hay tecnología que pueda superar la falta de voluntad política de los gobiernos para obligarles a rendir cuentas.

Del mismo modo, no existe tecnología alguna que pueda obligar a negociar la paz a los combatientes de un conflicto. Incluso para la bomba atómica, que obligó a Japón a rendirse y poner fin a la Segunda Guerra Mundial, fue necesaria la orden de Harry Truman.

La novela Ghost Fleet ( Flota fantasma ), de P.W. Singer y August Cole, narra una futura guerra entre Estados Unidos y China, y es notable por la manera en que ambos autores describen las asombrosas tecnologías que se utilizan (abundan los microdrones, robots y hologramas), a partir de información disponible públicamente de fuentes militares chinas y estadounidenses.

Pero el resultado de la guerra seguirá estando determinado por la voluntad, la valentía y la determinación humanas, los mismos atributos que se necesitan para detener el sufrimiento humano en cualquier época histórica.

Anne-Marie Slaughter es presidenta y directora ejecutiva de New America. Su más reciente libro se titula Unfinished Business: Women Men Work Family (Asuntos pendientes: mujeres, hombres, negocios y familia). © Project Syndicate 1995–2016

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