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Retos para el fideicomiso de la vía San José-San Ramón

Actualizado el 17 de marzo de 2015 a las 12:00 am

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Retos para el fideicomiso de la vía San José-San Ramón

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Con profunda satisfacción social, en días pasados la Asamblea Legislativa aprobó la conformación de un fideicomiso cuya función primordial será planificar, diseñar, financiar, construir, operar y dar mantenimiento al principal corredor vial de nuestro país. Después de invertir durante varias décadas una infinidad de recursos y esfuerzos, esperamos todos que esta sea la solución definitiva.

Claro, debemos aprender de las lecciones pasadas y no creer que basta la aprobación legislativa del contrato de fideicomiso para ver materializado el éxito del proyecto. Es cierto que se ha dado un paso importante y complejo, pero quedan tareas relevantes, las cuales deben ser atendidas por muchos actores con empeño, seriedad y objetividad, sobre una base técnica y jurídica sólida.

A partir del texto del proyecto, y con una mirada en el horizonte de las experiencias nacionales pasadas, considero relevante que a partir de ahora se trace un plan de vuelo sobre ciertas tareas relevantes, que me permito sintetizar a continuación.

Adecuada génesis del proyecto. E s fundamental establecer los cimientos técnicos, jurídicos y primordialmente de gestión que garanticen el lanzamiento de un proyecto maduro, bien pensado y consolidado, que deje poco o nada a la improvisación en la fase de ejecución contractual.

Ello parte de la selección de un banco fiduciario dotado de herramientas de gestión y fiscalización lo suficientemente fuertes para trascender la mera administración de recursos financieros. La viabilidad de los esquemas de financiamiento basados en un modelo adecuado, así como un diseño técnico sólido, son piezas claves para el arranque de un proyecto exitoso. De igual manera, es vital una administración con un papel protagónico como patrocinador del proyecto, y no mero testigo pasivo del papel del fideicomiso.

Equilibrada distribución de riesgos. Los complejos proyectos de obra pública requieren, desde la misma conceptualización del negocio, una identificación de los riesgos, es decir, aquellos factores que inciden en el éxito o fracaso de la obra.

Pueden ser geológicos (mayores excavaciones, aparición de problemas en el suelo, reforzamientos no previstos, entre otros), financieros (variaciones normales y anormales en los costos de construcción), ambientales (elaborar medidas de mitigación), de financiamiento (obtención de los créditos) y otros más.

Sin embargo, no basta solamente con su identificación, sino que es vital efectuar una distribución razonable y proporcionada entre el Estado y el futuro contratista.

Manejo de los interesados. Este proyecto no podrá ser gestionado en soledad por el fideicomiso, sino que requiere de la participación de un sinnúmero de actores sociales e institucionales, con tareas y finalidades distintas, llamados, en el argot de administración de proyectos, stakeholders .

Es vital definir un plan serio y formal para identificar a esos interesados, determinar sus tareas, así como hacer un plan de sensibilización e identificación previa de plazos y mecanismos para abordar posibles incidencias.

Para determinar el impacto de este plan de manejo, basta hacer una breve lista de los principales actores que participarán a partir de ahora: la Autoridad Reguladora de Servicios Públicos (Aresep), en la aprobación del modelo tarifario; la Contraloría General, en el refrendo del contrato de fideicomiso (igualmente, deberían aclararse sus alcances en cuanto al régimen recursivo); la Secretaría Técnica Ambiental (Setena), con la aprobación correspondiente; la Defensoría de los Habitantes, en cuanto a la selección de los ciudadanos que integrarán el órgano de fiscalización; la Procuraduría General y los Tribunales de Justicia, en cuanto al trámite de las expropiaciones; la banca, en condición de financista; las instituciones públicas encargadas de la relocalización de servicios; y el Lanamme, como protagonista técnico esencial en la idoneidad de las soluciones técnicas, entre otros.

Es esencial una quirúrgica ingeniería financiera del proyecto, con la finalidad de lograr su bancabilidad y, sobre esa base, alcanzar una estructura tarifaria al costo –tal como lo establece la ley de aprobación del fideicomiso–, que sea socialmente aceptada por los usuarios.

De acuerdo con el texto de la ley, es necesario respetar los principios de contratación administrativa, lo cual se traduce en el trámite de un concurso bien gestionado, es decir, basado en un cartel claro, objetivo y completo, del cual se derive un contrato en iguales condiciones, con claridad en sus alcances y tramitado en tiempos razonables y oportunos.

Un elemento ideal es la incorporación del borrador del contrato como pieza esencialmente invariable, para evitar una tardía fase de ajuste de condiciones contractuales cuando ya se cuente con un acto de adjudicación firme. La medida evitaría retrasos y modificaciones improcedentes en el acuerdo contractual.

El autor es gerente de servicios legales de Deloitte.

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