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Actualizado el 06 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

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El colega Juan F. Montealegre publicó el artículo “Importancia del ingeniero civil en la obra pública” ( La Nación , 21/10/2014). Con algunas apreciaciones coincidimos, sobre todo en el rezago existente en el MOPT en capacitación técnica continua a nuestros ingenieros, lo cual tampoco asume seriamente el Colegio de Ingenieros Civiles (CIC), pero no es justo achacar tal situación de abandono a los gremios profesionales, tal es el caso del que represento, la Asociación de Ingenieros Civiles del MOPT (AIC-MOPT), que tiene limitaciones operativas, incluso por decisiones arbitrarias de autoridades internas que atentan contra su fortalecimiento.

Ha sido costumbre en el MOPT basar la búsqueda de conocimientos en la generosidad de becas al exterior, que son ofrecimientos muy atomizados. No existe planificación institucional, ni sectorial, para el reforzamiento técnico de la ingeniería civil, siendo esta rama la actividad sustantiva del ministerio. La capacitación que se consigue en el exterior está satanizada y pocos funcionarios tienen acceso a la que se ofrece en el país por su alto costo, incluso mucha de la impartida por el CIC y el Lanamme.

El MOPT no destina presupuesto para este fin; los pocos recursos destinados a estudios se dirigen a la formación de nuevos profesionales en áreas que abarrotan el MOPT. Esta es la triste realidad. Nada puede hacer la Dirección de Capacitación ministerial si el manejo de esos recursos está fuera de su ámbito.

Sin juego político. Nuestro estimable colega roza nuestro temple ético presumiendo que tal vez carecemos de fortaleza para advertir a nuestros superiores de posibles errores. Con nuestros funcionarios afiliados a la AIC-MOPT podemos asegurar que eso no se da, mucho menos si media el interés público. De ahí que son tradicionales las persecuciones y acciones arbitrarias contra ellos porque no se prestan para el juego político; somos profesionales técnicos y nuestra obligación es hacer prevalecer la técnica.

El escenario de la ingeniería civil también se ha convertido en un nicho de discusiones públicas, innecesarias por demás, entre partes relacionadas con la materia, lo cual ha ocasionado grave daño a nuestra imagen. Hemos sido críticos, en este sentido, con el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos y con el Lanamme, pues olvidan que detrás de sus apreciaciones, algunas veces acusatorias, estamos colegas de profesión. Esto difiere mucho de la llamada de atención a una institución, a la que se refiere el colega Montealegre.

Las nuevas generaciones de ingenieros civiles deben replantear este panorama, sin olvidar que la voz para ser escuchados parte de la unión y no de quedarse aislados en su zona de confort.

La AIC-MOPT, al menos, entiende la importancia de que el MOPT emprenda cambios en su política de desarrollo del conocimiento para nuestros ingenieros civiles afiliados; esa tarea la tenemos contemplada en nuestros planes. Un primer paso lo dimos algunos ingenieros, con propios recursos, realizando una visita técnica a grandes obras que se realizan en la ciudad de Panamá.

Agradecemos al ingeniero Montealegre su visión del tema, y esperemos que el MOPT y el CIC evolucionen en este cometido.

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