Opinión

Respuesta a Eli Feinzaig

Actualizado el 08 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

El articulista relativizó la crisis de los años 2008 y 2009

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El pasado 23 de noviembre, Eli Feinzag criticó los últimos gobiernos liberacionistas. En su artículo relativizó la crisis de los años 2008 y 2009 y le restó importancia a sus repercusiones, para así descontextualizar los programas sociales y las políticas económicas que nos permitieron superarla sin traumas sociales irreparables.

Feinzag repite el mantra de que Arias empleó medidas de carácter estructural para tratar los efectos temporales de la crisis. Es un asunto sobre el que hay que hacer mil precisiones relacionadas, por ejemplo, con la confusión entre el Plan Escudo y lo que sucedió en materia de empleo público, pero, deliberadamente, me abstendré de hacerlo para decir que si las cosas fueran como las plantea el autor, la teoría económica le respaldaría.

El problema en ese momento, sin embargo, era de otra naturaleza. Nuestra legislación no permite adoptar medidas extraordinarias con la rapidez que demanda una crisis.

Así que la alternativa era un empobrecimiento y una desigualdad mucho mayores a los experimentados, despidos masivos, el cierre de muchas más empresas y, consecuentemente, y entre otros efectos muy negativos, la derrota en el esfuerzo por contener la criminalidad y recuperar la seguridad pública que comenzó en la administración Arias y continuó exitosamente en la de Chinchilla.

No obstante, esperemos que se identifiquen las alternativas reales a las medidas que denuncia el autor. Eso sí, agradecería que no se repita lo de invertir en infraestructura pública, pues la 27, la 32, San Ramón y “la platina” sugieren que no es una medida como para enfrentar en términos inmediatos una crisis.

Eli Feinzag, que fue parte del gabinete de don Miguel Ángel Rodríguez, sabe cómo y por qué un gobierno carece, fuera de los supuestos de la Ley de Emergencia, de los recursos legales para adoptar medidas eficaces en una coyuntura como la que impuso la crisis económica.

Finalmente, me resulta curioso que, aun cuando se denuncian los efectos de las medidas adoptadas por Arias, se intente al mismo tiempo borrar del mapa el esfuerzo que promovió la expresidenta Laura Chinchilla por reformar el sistema fiscal.

Su proyecto habría prevenido la situación actual, y que alcanzó un grado de consenso que, sin embargo, se negaron a aceptar quienes recurrieron a la Sala IV.

Así, de la crisis que estamos viviendo, son corresponsables, a derecha e izquierda, quienes torpedearon aquel proyecto.

En realidad, los que atacan las medidas de Arias, y callan sobre la reforma fiscal de Chinchilla, habrían aceptado tranquilamente que la crisis económica degenerara en una emergencia social, y lo habrían explicado luego como un ajuste natural. Además de la discrepancia en temas clave como el endeudamiento, el déficit y la realidad del empleo público, que trató José Joaquín Arguedas en este medio el 20 de setiembre, bajo el título “Un sector público salarialmente ingobernable”, es en esto último donde reside la gran diferencia con el autor.

El progresismo no se limita a la defensa de cuestiones que comparto plenamente como la fecundación in vitro, las sociedades de convivencia o la necesidad de debatir públicamente la conveniencia de mantener o no la política antidrogas que el país ha sostenido hasta ahora.

Es primordial considerar la situación de las personas, sin limitarse a verlas simplemente como estadísticas, y estar dispuesto a asumir decisiones difíciles cuando corresponde.

En aquella coyuntura, el país no habría soportado que a la polarización que causó el esfuerzo de aprobar un convenio estratégico como el TLC con Estados Unidos hubiéramos agregado una crisis social de la envergadura que previnieron Arias y su equipo.

El autor fue ministro de Justicia

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