Opinión

Responsables de la gobernabilidad

Actualizado el 06 de abril de 2013 a las 12:00 am

El próximo Gobierno debe tomar decisiones difíciles intelectual y políticamente

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El país no está para que desde la política se lancen campanas al vuelo o se endulcen los oídos de la población. Costa Rica avanza a paso de tortuga en lo económico, mientras se deteriora en áreas importantes como la distribución del ingreso y el funcionamiento de la administración pública.

El próximo Gobierno debe tomar decisiones difíciles intelectual y políticamente. Por ello requerirá de una calidad técnica y gerencial muy superior a la experimentada en las últimas décadas y de elevados niveles de autoridad moral, legitimidad y confianza ante la población.

De esas virtudes se deriva la gobernabilidad. Pero esta no es solo responsabilidad del Gobierno; también de otros sectores se requieren mayores estándares éticos y una visión amplia, situada en el mediano plazo y no en los intereses inmediatos.

Ante estas realidades, ¿qué pedimos y esperamos algunos ciudadanos?

Primero, grandes empresarios: opónganse abiertamente a la corrupción, aunque la ideología económica de quienes la practiquen beneficie a algunos de ustedes. Analicen al receptor de sus contribuciones financieras pues podrían estar cavando su propia tumba si en campaña siguen ayudando a que la corrupción, la impunidad, la ineficiencia, el “platinismo”, la politiquería y el clientelismo lleguen al poder. Las grandes empresas, incluyendo las empresas en zonas francas, deben pagar más impuestos. Acepten una ideología redistribuidora de las cañas de pescar. Acéptenlo, porque, si no, perderemos la unidad del país y, por lo tanto, nuestra paz. Cuanto más cerca esté el rico del pobre, más lejos estarán la inestabilidad social, la tensiones políticas, los mesías populistas y los apóstoles de las fórmulas mágicas.

Segundo, empleados públicos: defiendan las instituciones con trabajo duro, honestidad y vocación de servicio. Nada ayuda más al argumento de los privatizadores y a los detractores del papel del Estado que la ineficiencia, los abusos y la corrupción dentro del sector público.

No es justo que el pequeño y mediano empresario se sacrifique para poder cumplir con el pago de sus impuestos, con trámites engorrosos y con onerosas cargas sociales, mientras que los empleados públicos no compensen con un desempeño de excelencia las garantías y estabilidad de que disfrutan.

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El país no puede mantener privilegios excesivos para algunos grupos de empleados públicos, sean gerentes bancarios, directivos de instituciones, médicos o beneficiarios de algunas convenciones colectivas. El Estado es medio para atender las necesidades de los que necesitan del Estado, no fin para los que ahí trabajan. La corrupción, el abuso y la ineficiencia son igualmente execrables, se originen en políticos o en empleados públicos.

Comprendan que deben cerrarse instituciones que sobren y que otras deben fusionarse. Esto implicará que muchos empleados tendrán que irse a su casas, aunque para ello sea necesario mantenerles su salario.

Tercero, beneficiarios del clientelismo: acepten que las ayudas sociales deben ir a los que necesitan, no a los que trabajan en una campaña o a los que son amigos de un diputado. No validen la corrupción de los políticos que ofrecen bonos de vivienda, puestos, becas, lotes de tierra a cambio de votos y de trabajo político.

Esa deshonesta relación, en la que políticamente se compran cuerpos y almas, se llama prostitución. Socava la autoridad moral: para gobernar, al que paga por el voto y para reclamar, al que vota por la paga. Por lo demás, esas prácticas impiden que alcancen los recursos destinados a combatir la pobreza.

Cuarto, clase política: comience por olvidarse del botín. Trabajen en política con mística, motivados por el bien patrio. No se meta a la vida pública si su objetivo es hacerse rico; para eso está la actividad privada. Acepten que en los puestos deben nombrarse personas de acuerdo a sus conocimientos técnicos sobre la materia correspondiente y de acuerdo a su capacidad gerencial.

No debe tomarse en cuenta la contribución financiera, el trabajo político, la amistad y menos el parentesco. Solo por casualidad las personas eficientes para trabajar en política y ganar elecciones o los amigos y parientes de las cúpulas partidarias, son también buenas para asumir las riendas de un ministerio o de una institución autónoma.

Finalmente, precandidatos y precandidatas: adopten como palabras claves de la ideología administrativa del próximo Gobierno: eficiencia, eficacia, austeridad, tecnocracia, gerencialidad y ética, todo en el marco del ordenamiento claramente establecido desde hace años en las leyes de administración publica y de planificación (presten atención al Dr. Johnny Meoño si no conocen esas leyes).

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Si quieren tener legitimidad y ostentar autoridad moral para hacer cambios sustantivos, renuncien a beneficiarse del poder y a beneficiar a amigos, partidarios y parientes con licitaciones, consultorías, decretos de conveniencia nacional, nombramientos e impunidad. Por otra parte, basen sus propuestas en el estudio rigoroso de la realidad nacional y no aspiren al título de estadistas si solo son ejecutores de estrategias económicas redactadas y solicitadas por poderes extranjeros.

Construyan gobernabilidad hablando con transparencia en la campaña. Sean conscientes de que, si queremos aspirar al desarrollo integral en el mediano plazo, todo sector perderá algo y deberá cambiar de actitud en el corto plazo. Digan esto, claramente, en campaña. Hagan sus propuestas; pero busquen la victoria comenzando por derrotar la demagogia.

Costa Rica tiene enormes posibilidades, pero sigue siendo solo una promesa por culpa de muchos políticos y de muchos votantes, pobres y ricos, que, a cambio de un plato de lentejas o de un buen negocio, todo lo toleran. En parte por ello el tiempo nos dejó rezagados, pero ustedes, precandidatos y precandidatas, pueden alcanzarlo.

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