Opinión

Respeto a la política: por eso estoy aquí

Actualizado el 20 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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Respeto a la política: por eso estoy aquí

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El periodista Armando González me descalifica en la columna que escribió el domingo 15 de setiem-bre. Es probable que haya fundamentado sus escritos en gacetillas cuyo contenido parcial –y muchas veces fuera de contexto– se publica con frecuencia. Si así fue, lo lamento, y, si no fue así, lo lamento más.

Evidentemente, su pensamiento no se ajusta a la rigurosidad científica porque no somete a comprobación la información que posee antes de emitir un juicio.

Soy un humanista. Soy científico, catedrático universitario, formador de médicos y administrador con énfasis en alta gerencia, graduado con altas calificaciones en el Incae. Soy médico pediatra, especialista en nefrología y enfermedades metabólicas. Tengo, en total, cinco especialidades médicas.

Obtuve un doctorado y un postdoctorado. Me invitan a impartir conferencias en dos de las más prestigiosas universidades de los Estados Unidos, las que, a su vez, destacan entre las diez mejores universidades del mundo.

Mi rendimiento académico durante los años de estudio siempre fue excelente. Obtuve el primer promedio cuando me gradué como especialista en pediatría. Además, para su información, fundé en 1987 la revista Acta Pediátrica Costarricense , órgano científico oficial de la Asociación Costarricense de Pediatría.

Por doce años serví como director del Hospital Nacional de Niños luego de participar en un concurso abierto frente a otros distinguidos colegas. Ese puesto me lo gané con excelentes calificaciones.

Me he partido los sesos toda mi vida, no me han regalado puntos en exámenes, no me han ascendido sin mérito. Nunca me agarraron copiando y jamás me pillaron plagiando.Soy un hombre íntegro, un hombre probo. No llego tarde al trabajo y no distraigo mi tiempo en fiestas y tomatingas.

Soy adicto a la familia: una sola esposa, con la que me casé hace 41 años, padre orgulloso de cinco hijas, dos de ellas doctoras, una abogada, otra administradora de empresas y una psicóloga.

Nunca he sido acusado ante los tribunales de justicia, jamás recibí una sanción administrativa. Tengo una hoja de servicios limpia, en lo público y en lo privado. Y siempre he sido exigente con quienes me ayudan a desarrollar el trabajo. Eso me permitió ubicar al Hospital Nacional de Niños entre los tres primeros de la América Latina y a cumplir con el 98% de las metas, según informes de la Contraloría General de la República.

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¿Cuál es mi pecado para algunos? Ser lo que soy y ser como soy. Agradezco a Dios que me ha permitido llegar hasta aquí y agradezco a mis padres –una agricultora y un abogado– haberme enseñado, desde que tuve uso de razón, que el servicio a los demás es la primera tarea que un ser humano debe cumplir. Ellos me inculcaron valores tan preciados como la fraternidad, la hermandad, la solidaridad, el respeto, la tolerancia, la justicia social y la decencia. Y el amor por la patria donde nací. Ellos fueron los primeros que me enseñaron a no robar.

Estoy cansado de que a mi país lo estén saqueando desde hace rato. Los que prometieron echarse a Costa Rica al hombro, se la echaron a la bolsa. Estoy cansado de que nadie haya sido capaz de gobernar en serio; han ensanchado la brecha a favor de los que tienen todo y han abandonado a los que no tienen nada.

Estoy cansado de quienes guardaron la doctrina en una caja fuerte y el dinero mal habido a la par. Estoy harto de los mentirosos, de los incapaces y de los inescrupulosos.

Estoy dolido porque mi país se cae a pedazos y estoy aquí porque respeto a la política como la más noble tarea que un ser humano puede y debe desarrollar en beneficio del prójimo. Estoy aquí porque no debemos permitir que los políticos con pedigrí sigan haciendo de las suyas con absoluta impunidad. Lo haré rodeado de los mejores hombres y mujeres que hay en Costa Rica. Lo haré con las mismas convicciones con que me he conducido toda la vida.

A quienes me acompañan les he dicho algunas cosas: para permanecer conmigo deben sentir amor por Costa Rica y sus instituciones, convicción de que al Gobierno se llega a servir, no a robar, y tener claro que, si no nos unimos, nos hundimos. Y si tienen rabo que les majen, mejor que se vayan para la casa. Encabezo una cruzada de amor para rescatar a Costa Rica y tengo claro lo que debo hacer.

Quiero compartirle a don Armando que en cinco meses hemos recibido respaldo de muchos que estuvieron en Liberación, en el PAC y en el Movimiento Libertario. Se nos han sumado miles de dirigentes de valía que se habían alejado de la política, y nos han dado su adhesión muchísimos que decían no tener partido.

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Viera, don Armando, que yo tengo la costumbre de no descalificar a quien no conozco, y soy prudente cuando hago juicios de valor. Ayúdeme a crear conciencia entre los electores para que salgamos de la modorra porque, si nos acostumbramos a vivir en la oscuridad, nos costará adaptarnos a la luz.

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